Algo que aportar

sebastian vazquez

Publicar en España nunca fue fácil. A pesar del aluvión de novedades que la industria editorial presenta cada año, lo cierto es que intentar publicar sin padrinos ni agentes, significaba penar de puerta en puerta y de no en no por despachos de editoriales grandes, medianas y pequeñas.

Lógicamente había excepciones, pero por lo general muchos buenos libros, tanto de ficción como de no ficción, han dormido el sueño del olvido en los cajones de sus autores. Si a eso se añade el que el 90 % de lo que habitualmente recibe un editor es material inservible editorialmente, el resultado era una apuesta desproporcionada por autores extranjeros y por autores experimentados con un historial de ventas.

Y vino la crisis. La general y la endémica del libro heredada de unos años 60 y 70 que nos dejaron unos polvos hoy convertidos en lodos. El resultado está a la vista y el debate en el sector se torna urgente.

Pues bien, en este escenario nacen editoriales nuevas con proyectos sorprendentes. Los libros del Olivo son un ejemplo. Publican casi exclusivamente a autores españoles, todos tienen un mismo contrato, sus casi sesenta socios son personas vinculadas a los libros y la cultura en distintas áreas, se mueven por criterios poco convencionales, no ambicionan más que poner a disposición de los lectores obras que aportan algo en sus respectivos campos y saben que las pautas de consumo de los lectores están cambiando y que cambiarán más.

Nació cuando un grupo de autores, amigos entre ellos, se encontraron con rotundos “nos” a sus libros por parte de las editoriales que ya percibían las crisis. Delante de un café, la solución nació sola: haremos una editorial cuyo propósito consista en publicar aquello que creamos sea una aportación y que el autor acepte unas sencillas reglas que todos compartiremos. Todo sencillo y fácil. Sin complicaciones y ambiciones; ni por parte de la editorial ni de los autores. Sin trampas ni divismos.

Hoy tienen ya cuarenta y cuatro libros publicados y un proyecto cultural por delante que va desde una pequeña emisora de radio por internet hasta una revista online o la organización de cursos y viajes.

Pero no son los únicos. En esta época de tormentas otras editoriales han nacido sabiendo que su supervivencia en medio de esta crisis reside en el cómo más que en el qué. La buena noticia es que el libro sobrevive. Mientras haya personas que lo amen, profesionales o no, habrá locos que se dediquen a poner en contacto a autores y lectores. Incluso con crisis. Así de sencillo. Así de hermoso.

Sebastián Vázquez

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