El Día Internacional del Libro

Cervantes, Shakespeare y Garcilaso

En 1996 la UNESCO propuso celebrar el 23 de abril como Día Internacional del Libro, lo que en 2008 ya se había extendido a más de cien países, aunque como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.

JOSÉ LUIS VALBUENA

La fecha elegida conmemora el fallecimiento de tres excepcionales artífices de las Letras: Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, figuras que hacen que preservar su idioma correspondiente merezca la pena. Precisamente este año se celebra el cuadringentésimo aniversario. Pero la elección, llena de acierto popular, adolece de rigor histórico porque ninguno de ellos murió el 23 de abril de 1616.

En el siglo XVII, la fecha habitualmente registrada no era la del fallecimiento sino la del entierro. Cervantes realmente murió el 22 de abril, pero fue humildemente enterrado el 23 en el Convento Trinitario de Madrid (“Entierro de pobre, sin pompas ni ceremonia alguna; con el sol amigo batiendo sobre el rostro descubierto”). En cuanto a Garcilaso, no ha sido establecido exactamente, pero se consideran fechas probables de su entierro en Córdoba entre el 22 y el 24 de abril. El caso de Shakespeare es diferente: antes de su fastuoso entierro en StratforduponAvon, habría tenido nada menos que diez días para acudir al entierro de Cervantes si hubieran existido comunicaciones tan eficaces como las actuales.

Aceptando como fechas las de los entierros, y considerando las bien documentadas de Cervantes y Shakespeare, esta aparente paradoja tiene una explicación simple: no pertenecen al mismo sistema de cómputo de tiempo, porque la del primero corresponde al calendario gregoriano y la del segundo, al juliano: murieron en las mismas fechas, pero no el mismo día.

Un año comprende 365,242189 días, que es lo que tarda la Tierra en dar la vuelta al Sol (año trópico). De ese periodo dependen los cultivos y otros procesos esenciales para la vida humana (por ejemplo, los egipcios predecían la crecida del Nilo). En nuestra cultura de años solares, se empezó utilizando el calendario romano, con origen en la fundación de Roma –año 0 ab urbe condita (a.u.c.)–, el 750 a.C de nuestra era. Como el calendario romano era de 304 días, distribuidos en 10 meses, había que ir añadiendo meses para ajustar. Tras varios intentos, Julio César simplificó lo de los desfases implantando su calendario juliano, con ciclos de tres años de 365 días seguidos de uno bisiesto de 366.

Pero como el año juliano duraba 11 minutos más que el solar medio, fue creciendo una diferencia. En 1582, el error acumulado era de unos 10 días, por lo que, tras el Concilio de Trento, el papa Gregorio XIII implantó un nuevo calendario, que se llamó gregoriano, modificando ligeramente la regla de los años bisiestos. Así acabó con todos los desfases.

En España y los países europeos católicos se aceptó inmediatamente, pero otros fueron retrasando su adopción. Gran Bretaña, lo hizo en 1752. Por eso la fecha de la muerte es el Shakespeare en 1616 es el 23 de abril juliano, pero el 3 de mayo gregoriano. Fue a mediados del siglo XIX cuando Víctor Hugo hizo notar la aparente coincidencia entre las fechas de las muertes de Cervantes y Shakespeare, error que ha perdurado.

En casi todo el mundo se utiliza el actual calendario solar gregoriano, con origen en el nacimiento de Cristo, aunque los judíos van por el año solar 5774. Ha sido tentadoramente cómodo el empleo de la Luna para basar un calendario, pero su ciclo de 29,53 días no permite ajustar bien el periodo de un año. Usando sus años lunares, los chinos están en el 4711 y los musulmanes en el 1435.

Otras efemérides del 23 de abril son la muerte de Magallanes (1521) en Filipinas, el inicio de las obras del Monasterio de El Escorial (1563), la primera edición en Braille del Quijote (1925) o la concesión del Nobel a Camilo José Cela (1996).

POST DESCATACADOS

  • Segimon Borras Campos

    La asamblea general de UNESCO de diciembre 1995 aprobo celebrar el 23 de abril de cada ano el Dia Mundial del Libro y del Derecho de Autor. La propuesta la presento le delegacion del Gobierno de Espana, tras un arduo trabajo de los editores espanoles. La coletilla “y del Derecho de Autor” se introdujo por imposicion de la delegacion rusa. En 1996 se celebro por primera vez coincidiendo con la celebracion en Barcelona del XXV Congreso de la Union Internacional de Editores y de su primer Centenario.