El escritor en su laberinto

Rafael Chirbes foto Hpschaefer

París-Austerlitz (Anagrama, 2016) es la novela póstuma de Rafael Chirbes, escritor que con su desaparición deja un vacío en las letras españolas difícil de llenar. Chirbes nos lega una obra auténtica, alejada de modas y tendencias, que sitúa al individuo en el centro de su universo literario y lo enfrenta a una sociedad sin valores sometida por la presión cruel que ejercen los círculos de poder.

JAVIER PINTOR

Chirbes había manifestado en algunas ocasiones que mientras escribía tenía en su mente la obra de un gran maestro. Hablaba de que al igual que los aprendices de otras profesiones, también los escritores manejaban técnicas perfeccionadas por sus predecesores. En este sentido no dudó en colocar entre sus modelos iniciales a escritores Balzac, Flaubert, Turgueniev, Galdós, Baroja, Max Aub que utilizaron el realismo como fórmula para censurar y analizar la degradación moral de la sociedad. Entre los novelistas actuales se sentía principalmente cercano atodos aquellosautores que convertían en protagonista de sus obras al hombre corrientesiempre que mantuviesen una clara vocación de compromiso social e ideológico en favor de los desfavorecidos.

Rafael Chirbes fue un artesano de la palabra que concibió su obra como la de un cronista que va registrando su paso por el mundo y soportando una existencia compleja de la que sus libros son fiel reflejo. No es difícil identificar en esta novela muchos de los motivos presentes en parte de su narrativa anterior y que configuran un inconfundible universo literario marcado por la corrupción moral del ser humano.

En este sentido hay que decir que París-Austerlitz se encuentra en la línea de los primeros textos publicados por el autor, y más concretamente de Mimoun, novela publicada en 1988 que narra la historia de un profesor español que se marcha a Marruecos con virtual reality glasses el propósito incierto de concluir una novela y que se verá atrapado entre un espacio y unos personajes que le arrastran en su desorientación vital. Estas dos novelas, tan separadas en fecha de publicación aunque más cercanas en fecha de escritura inicial, se mueven en un universo en el que el sexo, el alcohol, el vacío existencial y la huida son elementos identificables de un entorno que ahoga a los protagonistas. En ambas la fatalidad final y la atmósfera opresiva que rodea a los personajes sonvisibles desde las primeras páginas. El mismo Chirbes manifestó en algún momento que en Mimoun estaba el germen de muchos de los temas que luego iría desarrollando a lo largo de toda su obra.

Rafael Chirbes entra con valentía en territorios que otros autores no han querido frecuentar. Si en La larga marcha (1996) el autor ya había tratado el tema de la homosexualidad sin reparos, será en París-Austerlitz cuando el autor convierta este tema en uno de los ejes del relato. El narrador de la historia, un joven pintor madrileño de ideología de izquierdas pero familia adinerada, relata con dureza la relación amorosa que ha mantenido con Michel, un obrero francés que lo acoge en su casa cuando el joven pintor se queda sin refugio en París. El autor describe el sexo apasionado de los primeros encuentros amorosos, la atracción física de dos cuerpos que primero se atraen y luego se distancian debido al tedio de una convivencia que se vuelve imposible por la diferencia de status social de los amantes. Recorremos con los amantes los suburbios de la ciudad, los ambientes nocturnos donde se trafica con el cuerpo y el alcohol y donde el amor está alejado de cualquier visión idealista. Chirbes describe una relación de poder y sumisión donde el desamparo ejerce de termómetro de este idilio.

El distanciamiento de los protagonistas empieza cuando el joven pintor consigue mejorar su situación económica al amparo de una familia de la que había huido y a la que rechazaba por unos principios sociales que acaban mostrándose tan endebles como la relación que mantiene con Michel. La historia desemboca en una gran decepción personal ya que la relación se consume a la misma velocidad que se agota el dinero. Michel se refugiará en el sexo fácil y el alcohol, encaminándose de forma vertiginosa hacia su destrucción final. Mientras que el joven pintor se refugiará en la situación acomodada de su familia y en algún amante ocasional que lo libre del tedio de su existencia, es decir, elige el bienestar a costa de la traición. Los ideales desaparecen y las relaciones sucumben a la presión de una sociedad en la que los resortes del poder económico marcan la pauta. Chirbes nos habla en esta novela de cómo la diferencia de clases acaba condicionando siempre al individuo y de lo difícil que resulta abstraerse al poder económico.

El paisaje adquiere un significado trascendental en toda la obra de Rafael Chirbes. Los personajes aparecen atrapados por un entorno que aprisiona y asfixia su existencia. Si en Mimoun el autor situaba la acción en Marruecos, en esta novela la acción se sitúa en un París obrero de seres desgraciados. Y aunque las dos novelas están alejadas del paisaje simbólico de Misent, escenario espectral de novelas tan extraordinarias como Crematorio (2007) y En la orilla (2013) y telón de fondo de otra excelente novela como es La buena letra (1992), en toda su obra nos encontramos con un entorno hostil donde los personajes deambulan perdidos en una profunda desorientación vital, paradigma de la corrupción moral de nuestra sociedad.

El motivo principal de muchas de las novelas de Rafael Chirbes es lo que sucede en el día a día de las personas, y París-Austerlitz no es una excepción en este sentido. La vida misma en su discurrir diario es el material de una novela que refleja de forma fiel el espacio de tensiones que es el alma humana. El personaje del joven pintor actúa de forma egoísta, sólo piensa en su propio bien y su comportamiento mezquino e interesado nos recuerda a aquellos personajes de En la lucha final (1991) o La caída de Madrid (2000) que se terminan aburguesando y perdiendo su sentido social de la justicia. El veneno que inyecta el dinero en los individuos, llegando a corromper su carácter, está muy presente en La buena letra (1992) y Los disparos del cazador (1994). Estas novelas nos muestran a unos personajes que traicionan sus ideales y abandonan sus raíces con el consiguiente sufrimiento que esto conlleva. Chribes retrata a unos seres a la deriva que toman decisiones que les hacen sentirse culpables y son incapaces de ser felices por la presión que los poderes fácticos ejercen sobre ellos.

El tono intimista y sincero en que está narrada París-Austerlitz nos recuerda también a la ya citada La buena letra. En estas novelas, los individuos sufren los estragos que causan una ruptura amorosa en el caso de la primera novela o una guerra en el caso de la segunda. Dos contiendas diferentes, una individual y otra colectiva, que devastan el espacio anímico de los personajes.

La verdad siempre está en manos de quién quiera contarla y en este sentido Chirbes fue el novelista de su época que mejor retrató en sus textos el espíritu de su tiempo y el desconcierto existencial del hombre contemporáneo. Su voluntarismo literario nos lega una obra excelsa de largo aliento en la que siempre se podrá refugiar el lector exigente que busque una literatura fiel reflejo de la crisis de valores de nuestra sociedad.

NH555_Paris-Austerlitz.inddParis – Austerlitz

Rafael Chirbes – Ed. Anagrama

160 págs

15,90 €

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