La jubilación y los escritores

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Un tema de candente actualidad, sobre el que últimamente se está hablando mucho, es la posibilidad que tienen los jubilados de compaginar el cobro de la pensión de jubilación con la realización de actividades intelectuales, y muy especialmente con el cobro de derechos de autor. Por eso, con este artículo, pretendo arrojar algo de luz, desde una perspectiva puramente jurídica, sobre el tema.

CARLOS MUÑOZ VIADA.  Socio de Garrigues y Muñoz Abogados.

Abogado especialista en Propiedad Intelectual 

Para empezar, la actual regulación legal viene recogida en el artículo 213 del Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social, donde se establecen las Incompatibilidades existentes con el cobro de la pensión de jubilación, y en concreto, entre ellas, el apartado 4º establece que “El percibo de la pensión de jubilación será compatible con la realización de trabajos por cuenta propia cuyos ingresos anuales totales no superen el salario mínimo interprofesional, en cómputo anual. Quienes realicen estas actividades económicas no estarán obligados a cotizar por las prestaciones de la Seguridad Social”.

 Sin embargo, esta Ley ha entrado en vigor el 2 de enero de este año 2.016, por lo que, para conocer la situación con anterioridad a esta fecha, tendremos que centrarnos en lo dispuesto en el artículo 165 del Real Decreto Legislativo 1/1994, de 20 de junio, por el que se aprobó el Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social. Pues bien, este artículo también incluía un apartado 4º, cuyo contenido era absolutamente idéntico al anteriormente mencionado. 

Pero este apartado no existía en la redacción original de la Ley en 1.994, sino que fue introducido por la disposición adicional trigésima primera de la Ley 27/2011, de 1 de agosto, sobre actualización, adecuación y modernización del sistema de Seguridad Social, que entró en vigor el 2 de agosto 2.011. 

A la vista de ello resulta evidente que, a partir del 2 de agosto de 2.011, la Ley es muy clara en este sentido: el cobro de la pensión de jubilación es incompatible con la realización de cualquier actividad cuyos ingresos superen el SMI en cómputo anual. 

En teoría esta incompatibilidad afecta a cualquier actividad y, entre ellas, a la realizada por los escritores, que no podrán cobrar la pensión de jubilación si con su actividad obtienen unos ingresos superiores al SMI en cómputo anual. En ese caso, el escritor tendrá que darse de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), deberá pagar la cuota mensual por ese concepto y no podrá cobrar la pensión de jubilación.

Sin embargo, llegados a este punto, tenemos que preguntarnos si las actividades que desarrollan los escritores pueden calificarse como “trabajos por cuenta propia”, pues lo normal es que el escritor ceda los derechos de explotaciónSin pie, plataforma Seguir Creandosobre su obra a un tercero (normalmente una editorial), que es quien se encarga de imprimir, distribuir y vender la obra, todo ello a su costa, y quien luego abona al escritor un porcentaje sobre los ingresos obtenidos con la venta de la misma.

La vigente Ley de Propiedad Intelectual establece que el editor deberá “Satisfacer al autor la remuneración estipulada y, cuando ésta sea proporcional, al menos una vez cada año, la oportuna liquidación, de cuyo contenido le rendirá cuentas”. En consecuencia, la práctica editorial es que a los autores se les remunera una vez al año por las ventas realizadas durante el año inmediatamente anterior.

Por lo tanto, cuando un autor recibe su liquidación de derechos de autor durante el primer trimestre de un año, lo que le están pagando son las ventas realizadas durante el año anterior. Si esa cantidad supera el SMI, es en ese año cuando se le exige el alta en el RETA y se le aplica la incompatibilidad para el cobro de la pensión.

Esto carece de toda lógica y, en mi opinión, la legislación laboral tendría que tener en cuenta la especialidad que conlleva la actividad creativa, y la particularidad que ofrece su forma de realizar el trabajo y de obtener ingresos con él.

Y esto es algo que no es nuevo, ya que desde el ámbito fiscal y tributario sí se ha reconocido esta peculiaridad, que ha quedado plasmada a través de dos cuerpos normativos: la Ley del IRPF y la Ley del IVA. 

Efectivamente, la Ley 40/1998, de 9 de diciembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, establece que “En todo caso, tendrán la consideración de rendimientos del trabajo”:

c) Los rendimientos derivados de impartir cursos, conferencias, coloquios, seminarios y similares.

d) Los rendimientos derivados de la elaboración de obras literarias, artísticas o científicas, siempre que se ceda el derecho a su explotación.

Es decir, la Ley del IRPF considera que los rendimientos obtenidos por estos conceptos sólo son rendimientos de actividades económicas cuando se da el supuesto de auto edición, pero cuando se cede a un tercero el derecho de explotación (una editorial), no se considera una actividad económica sino un rendimiento del trabajo, algunos de los cuales sí son compatibles con el cobro de la pensión (por ejemplo, el cobro de un plan de pensiones privado).

Por su parte, la Ley 37/1992 de 28 de diciembre reguladora del Impuesto sobre el Valor Añadido, establece que “estarán sujetas al Impuesto las entregas de bienes y prestaciones de servicios realizadas en el ámbitolibrosespacial del impuesto por empresarios o profesionales a título oneroso, con carácter habitual u ocasional, en el desarrollo de su actividad empresarial o profesional”.

Sin embargo, el artículo 20 de esta Ley, que regula las Exenciones al impuesto, establece en el apartado 26º que estarán exentas “las actividades profesionales cuya contraprestación consista en derechos de autor prestados por artistas plásticos, escritores, colaboradores literarios, gráficos, y fotográficos de periódicos y revistas, compositores musicales, autores de obras teatrales y de argumento, adaptación, guion y diálogos de las obras audiovisuales, traductores y adaptadores”. 

Y este especial tratamiento que las leyes fiscales otorgan a la creación literaria, es argumentada por la propia Dirección General de Tributos, en respuesta a la Consulta Vinculante de 22 de abril de 2.010, cuando dice: “La exención debe limitarse exclusivamente a dicho ámbito, el de la actuación profesional de los citados autores, ya que el objetivo de dicha exención es el de fomentar la creación cultural, no así el tráfico mercantil derivado de la misma”. 

Por todo lo anteriormente expuesto, entiendo que es necesario que se modifique la Ley General de Seguridad Social, en el sentido de permitir expresamente la compatibilización del cobro de la pensión de jubilación con la realización de cualquier actividad relacionada con la creación, con independencia de los ingresos que se obtengan por esta actividad.

Pero hasta que esto ocurra, nuestros jubilados no pueden cobrar la pensión completa si además realizan cualquier actividad por la que obtengan unos ingresos superiores al salario mínimo interprofesional.

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