María Dueñas

Foto María Dueñas imprescindible copy Ricardo Martin

MARÍA DUEÑAS

Una novela que estaba por escribir

La templanza (Planeta) se lanza al mercado con una primera edición de nada menos que 500.000 copias. México, Cuba y Jerez, a finales del siglo XIX, son los escenarios. Hombres y mujeres fuertes, los protagonistas.

texto DAVID ZURDO fotos RICARDO MARTÍN

María Dueñas es una mujer encantadora, con los pies en la tierra, firmemente asentados, lo cual le permite poner la mirada en lo alto. Nos vemos en su casa, a primera hora de la tarde. Después de los saludos, me ofrece algo de beber, y me sorprende que ella no tome nada, cuando es la que va a tener que explayarse respondiendo a mis preguntas. ¿Será que tiene el control absoluto de la situación?… Leyendo sus novelas o escuchándola hablar, eso salta a la vista.

La inspiración llega… volando

¿Cómo surge la idea de La templanza? ¿Cuál es el germen?

Hay un germen abstracto, genérico, y hay un germen espontáneo, casi anecdótico. El abstracto y genérico es que a mí siempre me ha gustado el vino, me ha gustado el mundo del vino, y eso lo tenía ya en mi maleta. Y luego hay una anécdota que surgió en un momento dado. Podía haber surgido en otro, pero cuando tienes un cúmulo de ideas claras, entonces en cualquier momento estás con la antena puesta para que te surja el “chispazo”. Y fue en un viaje en avión a Londres. Era septiembre de 2012, y yo iba a Inglaterra para hacer un vídeo promocional de El tiempo entre costuras. En ese vuelo estaba rodeada de ingleses, a las diez de la mañana bebiendo ya sus vinos, la inmensa mayoría. Yo conozco el mundo anglosajón por mi carrera, y siempre me ha llamado la atención ese afecto que se le tiene al mundo del vino, ese conocimiento, mientras que nosotros, que nos hemos criado alrededor del vino, lo hemos considerado como algo de andar por casa, aunque ahora es verdad que lo entendemos un poco más y nos lo tomamos más en serio. En ese vuelo, rodeada de esa gente que no había visto una viña, una cepa en su vida, pero que tenía esa pasión por el vino, empecé a pensar, a darle vueltas… “pero si esto está por escribir, está por contar”, me dije. No tanto el cultivo de la viña, la elaboración del vino, sino el comercio, la vinculación de un país con otro a través de un producto en concreto, que no solo es de consumo, sino que genera otros aspectos culturales. En el XIX, el comercio vinícola fue uno de los grandes motores de España. Era más de la quinta parte de todo lo que se exportaba, y hubo un momento en que el 40 % del vino que se consumía en Inglaterra procedía de Jerez.

A menudo las novelas terminan como si el autor hubiera tenido prisa por terminar. La templanza no da esa sensación…

No, todo lo contrario. Al llegar al punto final, me di cuenta de que la última parte iba un poco sobrecargada y me dediqué a “descargarla” un poquito, para ajustarla al tono anterior. Quité algunos personajes, quité algunas anécdotas, no mucho… Sustancialmente, la base es la misma, pero podríamos decir que liberé un poco por no sobrecargar. Fui con tranquilidad, no tenía ninguna prisa por llegar al final, sabía a dónde iba desde el principio y cómo debía terminar la novela, y con qué ingredientes y con qué ritmo. Le puse el punto final cuando tuve que ponerlo.

¿Piensa en la novela completa y luego se pone a escribirla o deja que vaya surgiendo?

La pienso completa. Me lo planteo todo, lo estructuro… Es verdad que no llevo un GPS, no quiero decir que sepa si la novela va a terminar a mediodía o por la tarde o por la noche, ni si va a estar lloviendo o qué ropa van a llevar los personajes. Eso no lo sé, pero todos los pasos previos y la naturaleza del final si los tengo claros.

Foto Maria Dueñas sillon imprescindible copy Ricardo MartinSe nota la documentación, incluso lingüística. ¿Tiene esto una intención comercial?

No, no, en absoluto comercial, pero sí con la intención de dar verosimilitud a la narración .Me interesa menos el trasfondo histórico que dotar a la historia de una atmósfera creíble, dotarla de una ambientación que se refleja en cómo visten, en cómo comen, en cómo hablan, en cómo beben, en cómo se iluminan las habitaciones… Eso, creo, es más enriquecedor para el lector, porque le ayuda a crear un ambiente alrededor de la narración. En ese sentido sí que me lo trabajo, me lo trabajo mucho, me documento y luego intento dosificar esa documentación, intento pasarla por la turmix para que no queden unos pedazos gruesos de datos, casi piedras, que resulten incomestibles para el lector. Intento crear un telón de fondo que envuelva a la narración, que la sitúe en su momento sin sobrecargar de exceso de contenido e información histórica. Por eso La templanza no es una novela histórica.

¿La ve como una película?

Mira, tal vez por la experiencia de haber visto convertida en serie de televisión El tiempo entre costuras, he intentado blindarme conscientemente a imaginar la novela “en fotogramas”, a imaginarla en la pantalla. Después, cuando la he releído y tras las correcciones, sí me he dado cuenta de que es fácilmente trasladable al cine: es muy lineal, muy gráfica, muy plástica y muy envolvente. Pero no, no me preocupado de eso. He preferido centrarme en construir mi historia y no dar un paso más allá, no pensar en lo que podría pasar después.

En todo caso, sería complicado adaptarla, sobre todo por el monólogo-diálogo interior del protagonista.

Bueno, lo estaba pensando después de ir al cine a ver Birdman, la gran triunfadora en los Oscars de este año. Me recordaba a La templanza, porque el actor tiene una segunda voz. Esa segunda voz es su alter ego, una voz que se escucha… Pero ahora me interesa más el libro como es, en sí mismo. Lo que es hoy por hoy. Lo que venga, ya lo veremos, aunque no descarto tenerlo articulado por si acaso…

 

Retrato de una época

Me gustaría que habláramos de algo que prácticamente se ha tenido oculto en la historia española, que es la esclavitud en Cuba y Puerto Rico. El protagonista de su novela está a punto de participar en el negocio esclavista. MD 0047¿Conocía antes de escribirla este punto oscuro de nuestra historia?

En mi planteamiento original, antes de empezar a escribir, la historia transcurría íntegramente en Jerez. En una segunda vuelta, me iba a México y empezaba con los capitales de retorno. Fue en un tercer paso cuando decidí transitar por Cuba. Me parecía un momento histórico interesante. Entonces fui leyendo, investigando sobre la Cuba de aquel momento, los esclavos, los grandes emporios azucareros. Empecé a entender la dimensión de lo que pasaba allí, me di cuenta del mundo oscuro, vinculado a nosotros y a las autoridades españolas, que no eran solo unos cuantos sinvergüenzas los que se encargaban del “negocio”, sino que había muchos más, incluso algunos capitanes de las islas se lucraban de ello, capitanes generales de la Corona española que se lucraban del comercio de esclavos. Una realidad muy dura, de la que ha pasado poco más de un siglo. He conseguido algunos documentos que… Anuncios como: “Se vende negra, sabe cocinar, coser y tiene la dentadura sana”, y cosas así.

Era un época, muy presente en la novela, de obsesión por mantener la clase social.

Ahora los movimientos sociales van con más facilidad hacia arriba o hacia abajo, en eso somos más permeables. Pero antes eran compartimientos mucho más estancos, y ascender de uno a otro era mucho más complicado. Por eso, una vez que llegabas no querías ir para atrás ni muerto. Es como lo que pasaba con los negros. Las negras en Cuba querían mezclar su sangre a toda costa e ir blanqueando a sus descendientes cada vez más. En cuanto una que ya se había blanqueado un poquito tenía una relación con un negro, generaba un hijo más oscuro, y le llamaban “salto atrás”. ¿Te das cuenta?: “salto atrás” un pobre niño que oscurecía la sangre y la piel de la madre… Nadie quería ir para atrás según su criterio o sus prejuicios. Todo el mundo quería ir para delante, siempre para delante. Yo creo que porque era mucho más complicado el cambio social. Ahora están mucho más diluidas las fronteras. Hay gente con mucho dinero y un nivel cultural bajo y gente con un nivel social muy alto que es casi analfabeta.

 

Una novela arriesgada

En esta ocasión el protagonista es un hombre. ¿Cómo ha afrontado penetrar en la psicología masculina?

Era un riesgo, pero me he lanzado con muchas ganas y me siento encantada. Tengo una enorme complicidad con Mauro, más que con cualquiera de las mujeres sobre las que he escrito. Mauro está constreñido por los límites de su mundo, pero es más un hombre del siglo XXI, que se hace a sí mismo, lucha, es pragmático y tiene una gran determinación. En ese sentido creo que se acerca más a nuestra época, o a mí misma, que mis anteriores protagonistas, que se dejaban llevar por las circunstancias o por la intervención de otras personas en su mundo. Meterme en la piel de Mauro me ha supuesto un reto, y lo he disfrutado muchísimo, porque me ha entretenido meterme en la piel de este “tío” y darle su voz propia. No sólo es un hombre físicamente, sino que tiene una visión masculina y una percepción de la realidad que pasa por un filtro que es totalmente suyo.

En esta novela mezcla todos los elementos humanos: amor, odio, ambición, lucha… ¿Cuál prima?

Creo que es, precisamente, una mezcla de todo, un cóctel. Es una novela sobre la condición humana en su sentido más elemental y casi más animal: es defender, luchar por unos objetivos y ahí no tienen especial presencia ni las culturas ni las clases ni las circunstancias ni nada. Tú peleas por lo tuyo y, en el momento que se te va, sacas las uñas por mantenerlo.

¿Cómo se digiere un exitazo como El tiempo entre costuras?

Yo bien, con lucidez… La clave está en percibir la realidad con un filtro lúcido, sensato y razonable, y ver que las cosas son lo que son y que el mundo no se para porque uno venda tantos libros. La gloria de hoy puede ser la incertidumbre de mañana, y que hay que seguir trabajando y con los pies en el suelo. Por lo demás, se lleva muy bien, con mucha gratitud y con mucha alegría. Ya digo, hay que verlo desde un prisma de realidad, está muy bien, pero hay que seguir “currando”, peleando. Hay que seguir echándole ganas.

 La templanza

La templanza

María Dueñas – Ed. Planeta

515 págs

21,90 €.

 

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