El compromiso del editor

Laura Claravall el compromiso

El compromiso del editor

¿Cuál debería ser la tarea del editor? ¿Qué criterio debe imponerse al elegir a un autor? ¿El catálogo de la editorial es únicamente una suma de autores o debe ser algo más? Estas son algunas de las principales preguntas que inevitablemente tiene que plantearse quien pretende emprender una aventura editorial. La palabra “aventura” está doblemente justificada en este caso: aventura intelectual por un lado y aventura empresarial por otro, porque el número de lectores en España y las cifras de ventas de libros no mueven precisamente al optimismo. Sin embargo, ¿por qué hay algunas personas que siguen creyendo que vale la pena no sólo publicar libros, sino publicar libros que en muchos casos se sabe ya de antemano que no se venderán mucho?

El editor tiene el privilegio y la posibilidad de dar a conocer a otros posibles lectores a autores inéditos o que todavía no han sido traducidos. En todos esos casos, la decisión de publicarlos implica tomar partido, comprometerse. Este compromiso por parte del editor tiene que ver con qué exige o qué espera él de la literatura. Su criterio es el que determinará la elección de las obras y de los autores que formarán el catálogo de la editorial.

Este compromiso significa a menudo publicar a autores que sabes que no llegarán fácilmente al público, pero si consideras que su obra ha aportado, o está aportando algo realmente valioso por su forma de enfrentarse con el lenguaje, por su manera de plantearse el hecho de escribir o por su talento literario sería un pecado no darlos a conocer. La misma radicalidad y honradez intelectual que el escritor pone en su obra debe tener un reflejo en la labor del editor.

En mi opinión, la relación y el diálogo que se establezca entre el editor y el autor dependerá en gran medida de las demandas o necesidades del escritor. En algunos casos este puede pedir o aceptar de buen grado la intervención del editor, pero en otros no sólo esta no será necesaria sino que puede resultar perjudicial. Aunque ciertas indicaciones o comentarios fruto de una lectura atenta como la que hace un editor de un libro que está planteándose publicar pueden aportar un punto de vista distinto que permitan mejorar ciertos aspectos del texto, considero poco adecuado ser demasiado intervencionista. El editor debe asesorar, acompañar y apoyar al autor en la medida en que lo considere necesario, pero siempre desde un segundo plano.

Lo dicho para los autores de narrativa es extrapolable a los autores de obras de ensayo. Este género, por la humildad, la dedicación y la honradez intelectual de la inmensa mayoría de sus autores, es enormemente enriquecedor para un editor y por consiguiente también para los lectores. Transmitir conocimiento, mover a la reflexión, propiciar el intercambio de ideas es la base de la evolución del ser humano. Los estudios de crítica literaria, estética o filosofía aportan un contrapunto a las obras de narrativa que ayuda no sólo a entenderlas mejor sino a situarlas en su contexto. Por ello, ambos géneros se retroalimentan y se enriquecen mutuamente.

Me gusta pensar en el catálogo de la editorial como en una reunión de amigos en la que cada uno de los autores, desde la coincidencia o la diferencia, desde la narrativa y desde el ensayo, dialoga y se siente a gusto en compañía de los demás.

 

Laura Claravall

Editora de Ediciones del Subsuelo

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