Palabra de cómico

APERTURA Bienvenido Mr. Marshall

PALABRA DE CÓMICO

La principal autoría de los cómicos es la de sus personajes en acción. Aun cuando otra persona –el guionista o dramaturgo– los haya escrito y un tercero –el director– decida sus pasos, el cómico es el último y determinante creador. En ocasiones, los cómicos han pedido la palabra para narrar sus destinos, que son en gran medida los de su tiempo, o para contar los entresijos de la profesión. La literatura de los cómicos es memoria y honestidad o, dicho de otro modo, testimonio del viaje. Ese viaje entretenido a ninguna parte.

DANIEL MARÍA

 

Quizá la estirpe de cómicos escritores empiece con Lope de Rueda, que a comienzos del siglo XVI traqueteaba los caminos de Felipe II con sus obras a cuestas. Debemos a sus tantas fatigas el impuso teatral del Siglo de Oro y los célebres Pasos que encandilaron a Cervantes y a Lope de Vega, que lo consideraban un maestro. Las vicisitudes del oficio muy pronto requirieron ser narradas y, por fortuna, apareció el cómico Agustín de Rojas Villamandro para contárnoslo todo en El viaje entretenido (1603), donde ofrece retazos de su vida aventurera e información precisa sobre las diferentes agrupaciones teatrales: bululú, ñaque, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga, farándula y compañía. Lo cierto es que hasta comienzos del siglo XX la figura del cómico no gozó de una paulatina aceptación popular más allá del telón, lo que ha desembocado, tiempo después, en la consideración pública, de agente cultural, de la que hoy dispone; aunque ciertos estamentos sociales y políticos todavía la nieguen, e incluso, la dañen.

Cuando en 1932 Gerardo Diego incluye a Josefina de la Torre en su Poesía Española. Antología (Contemporáneos), no solo visibilizaba a una escritora sino a una cómica, pues Josefina doblaba películas en París –era la voz española de Marlene Dietrich– y pronto debutaría en el Teatro María Guerrero, del que llegaría a ser primera actriz, lo que también lograría en el Teatro Invisible de RNE. La artista grancanaria relatará pasajes de la profesión en su novela Memorias de una estrella, que publicó en 1954 bajo el pseudónimo de Laura de Comminges. Otra actriz, Pepita Serrador –madre del talento televisivo Narciso Ibáñez Serrador– publicó en 1953 la novela Pasan los cómicos… Ya el sugerente título adelanta la energía del texto. La obra fue muy bien recibida por la crítica y narra, aunque advierte que desde la ficción, los avatares de una joven actriz, Rosina, allí donde cualquier tarima se convertía en un escenario.

En los años cincuenta Fernando Fernán Gómez había forjado su leyenda de actor, aunque tendría por delante no solo la vida, sino una trayectoria de excelencia que lo convirtió en el máximo exponente de los cómicos escritores. Así lo constata su ingreso en la RAE en el año 2000 y la amplia bibliografía que supo conformar con sus novelas, cuentos, obras de teatro, memorias, artículos y ensayos. En 1985 transformó en novela un serial radiofónico que había escrito para RNE. Hablamos del ya clásico El viaje a ninguna parte. La novela sería guionizada y dirigida por él mismo, dando como resultado otro clásico homónimo, esta vez del cine español. El genio pelirrojo escribió la novela más importante sobre la vida de los cómicos y se decantó por la generación de su madre, la actriz Carola Fernán Gómez, y de tantos compañeros mayores que él. Luego, su propia memoria quedaría reflejada en el monumento literario de El tiempo amarillo (1998). Gracias a su fuerza narrativa y a sus muchos años vividos, la perspectiva de Fernán Gómez sobre el siglo XX es la de un águila sabia y anarcosolidaria.

3 Josefina de la TorreLa memoria es uno de los motores principales, si no el más importante, que ha animado a los cómicos a escribir. Grandes damas de la escena española como María Asquerino (Memorias, 1987) y Mary Carrillo (Sobre la vida y el escenario, 2001) y primeras figuras como Adolfo Marsillach –recibió el Premio Comillas por sus memorias Tan lejos, tan cerca en 1998– y Luis Escobar (En cuerpo y alma, 2000), han relatado sus vivencias y recuerdos. La actriz Pilar Bardem hizo lo propio en La Bardem (2005), donde queda reflejada no solo su experiencia sino la de su saga, los Bardem, y las hermanas Muñoz Sampedro, además de su espíritu crítico y combativo –¿Cuándo le ofrecerán interpretar a la Pasionaria?–. Contó con la colaboración de su hijo Carlos Bardem, también escritor y actor, Mención Especial del Premio Nadal con Muertes ejemplares (1999). Resulta imposible eludir de este inventario las memorias de la actriz hispano-francesa María Casares, Residente privilegiada (1980), cuya recorrido en el exilio republicano la convirtió en una de las grandes intérpretes trágicas de Francia.

También escribieron sus memorias tres cómicos esenciales del siglo XX. Por un lado, Pepe Isbert, cuyos recuerdos recuperó la Filmoteca de Albacete en Mi vida artística (2009). Su voz de estepa mesetaria convirtió en ternura cualquier disloque verbal, ya sea en el balcón de un ayuntamiento o ataviado de esquimal en una emisora de radio. Por su parte, Miguel Gila, el monologuista perfecto, contó en Memorias de un exilio (1998) la dura existencia que lo situó en una trinchera entre la risa y la tristeza, para llamar por teléfono al enemigo sin lanzar jamás un improperio. Sus monólogos son alta literatura del humor, como la de Ramón Gómez de la Serna, Mihura y Jardiel Poncela. Pensemos también en su novela Encuentros en el Más Allá (1999), donde nos cuenta las peripecias de Franco una vez muerto. Por descontado, Antonio Ozores no pudo refrenar la espontánea e ininteligible verborrea de su humor absurdo y reubicó el fascinador disparate de su literatura en los textos recogidos en Cuentos cortos surrealistas para niños de siete a setenta años (2006) y Como te iba diciendo (2008), además de sus memorias La profesión más antigua del mundo (2004).

Otros cómicos destacaron como poetas o, si se me permite, como copleros de solemnidad. Pedro Beltrán se calzó la noche y la bohemia y fue torero de salón, actor, guionista, enciclopedista taurino… Un grupo de compañeros decidió salvaguardar los versos que agolpaba su cabeza y apareció el libro-disco Burro de noria (2002). En 2011 recuperamos su guion de la película de Fernán Gómez El extraño viaje (La Página Ediciones) y lo acompañamos de un prólogo de Luis G. Berlanga. Al más universal de los murcianos, Paco Rabal, le brotaban los versos como surge la primavera en los ojales. Pintoresco y festivo, Rabal decidió recopilar su obra poética en el maravilloso volumen Mis versos y mi copla (1994) y cuando lo sorprendió la muerte en Burdeos colaboraba en ABC con la sección Coplas y Ripios. Una obra verdaderamente singular es la correspondencia entre el actor y su esposa, la actriz Asunción Balaguer, hoy matriarca de la escena a sus noventa años. El libro Las cartas de nuestra vida: correspondencia privada 1949-1975 (2004) es un vivísimo retrato de la profesión, del franquismo, de la Europa de entonces y de la amistad que la pareja mantuvo, entre otros, con Picasso, Buñuel, García Márquez, Visconti o Alberti. Además, la generosidad de Balaguer propició que en 2012 la actriz cediera a la Universidad de Alicante correspondencia, poemas, pregones, dibujos y fotografías del archivo personal de Paco Rabal, para que fuera consultado en el portal de acceso gratuito de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

En nuestros días consideramos que el cine, el teatro y la televisión son los medios con que cuentan los cómicos para desarrollar su labor, pero la radio vivió una época de inigualable esplendor actoral a partir de los años cuarenta. Juana Ginzo es una de las voces más admiradas del radioteatro en España. Comenzó en 1946 en Radio Madrid (Cadena Ser) –que contó con uno de los mejores cuadro de actores de la ficción radiofónica– y con el tiempo protagonizó seriales famosísimos y lacrimógenos como Diego Valor, Ama Rosa y Lo que no muere, pero también los clásicos de Teatro del Aire y las piezas de Historias de medianoche. En al año 2000 publicó La pasión de vivir con un montón de años y, centrada en la profesión, escribió Mis días de radio (2004) junto a Luis Rodríguez Olivares.

Más allá de compartir sus recuerdos, algunas actrices españolas han desarrollado una decidida trayectoria literaria. La actriz y pintora zaragozana Mayrata O’Wisiedo, que trabajó sobre todo en teatro y televisión, aunque en cine la dirigieron Saura, Escobar, Almodóvar, Garci, Pilar Miró y Forqué, entre otros, publicó la novela autoficcional, que prologó Caballero Bonald, Chico no sabe que es perro (1992); el libro de cuentos Historias brevísimas y crueles (1996) y el cuaderno de memorias Una taza de té en mi jardín (1997). A su muerte dejó sesenta folios escritos de la novela en la que trabajaba.

4 El viaje a ninguna parte, de Fernando Fern†n G¢mezAna Diosdado, que nació en Argentina y fue ahijada nada menos que de Margarita Xirgu, se convirtió en una destacadísima dramaturga y guionista de televisión. Célebres son sus obras de teatro Olvida los tambores (1970), Usted también podrá disfrutar de ella (Premio Fastenrath de la RAE, 1975) y Los ochenta son nuestros (1988), así como el guion de la serie de TVE Anillos de oro (1983), que también protagonizó. Escribió, además, cuatro novelas, entre ellas En cualquier lugar, no importa cuándo, finalista del Premio Planeta.

Por su parte, la actriz y directora Emma Cohen, a quien la revista Fotogramas denominó como “la musa del underground”, despliega desde 1983 una constante carrera literaria que alcanza en las novelas Negras tierras negras (1988), Muerte dulce (1993) y Ese vago resplandor (2011) sus cotas más altas. También dramaturga, cuentista, articulista y guionista de televisión, radio y cine, Emma Cohen es autora de una literatura con sólidas peculiaridades: aprecio por el mundo onírico, huida de la opresión familiar y social y un firme compromiso crítico con las libertades.

La nómina de cómicos españoles que en los últimos años han labrado bibliografías de ficción es amplia y variada. En cuanto al teatro, destacan las obras de Angélica Liddell, que ha oxigenado la escena con sus obras Perro muerto en tintorería y La casa de la fuerza, con la que logró el Premio Nacional de Literatura Dramática 2012, y Juan Diego Botto, siempre luchador y poético, con Un trozo invisible de este mundo, que le valió el Premio Max al Mejor Autor Revelación 2014. También la actriz Rossy de Palma publicó su monólogo Mater & Bellum (2014), de la que fue directora e intérprete, ofreciendo su particular visión sobre la maternidad. La poesía es terreno de Pepe Viyuela, que fue laureado con el Premio Internacional Margarita Hierro y ha publicado, entre otros, Y amarte sin saber (2007) y Silenciario (2010). Paco Algora, que también es dramaturgo con Me llamo Jonás (2004), es autor del generoso libro de poemas Romance de locos, coplas de ciego (2009).

La actriz y guionista de origen búlgaro Adriana Davidova es autora de las narraciones Hacer el amor a un ángel (1995) y El deseo (1998), que logró el entusiasta elogio de Mario Benedetti, y del poemario La hembra apócrifa (2013). Davidova firma su versión de Ingmar Bergman, Hacia el amor, a la que la Fundación Bergman, siempre recelosa a autorizar reescrituras, esta vez ha dado el visto bueno. La función, dirigida por José Carlos Plaza, se representa actualmente en Madrid.

Isabel Ordaz cuenta con tres poemarios magníficos: Flor de alientos (2004), No sé (2007) y Poemas de Palestina (2010). Estremece su particular misticismo y cómplice mirada sobre los otros. Quizás la popularidad como actriz no haya despertado en la crítica el reconocimiento que merece su obra poética. Con Despedidas (2013) se introduce en la narrativa, prologada por el Premio Cervantes José Jiménez Lozano. En la novela destacan también el desaparecido Jordi Dauder, que firmó El estupor (1996) y fue miembro fundador de importantes revistas literarias como El viejo topo y Quimera, y Miguel Rellán, que publicó su surrealizante y monstruosa obra Seguro que el músico resucita (1998).

Es un punto de encuentro de muchos textos aquí citados las penurias y miserias de una profesión durísima, en la que se retroalimentan el hambre y la esperanza. Pensemos en la cruel pero divertida anécdota de que Agustín de Rojas disfrutó de cierta estabilidad económica cuando montó una mercería en Sevilla durante los dos años en que se prohibió la representación de comedias; pero como los cómicos aman el escenario, en cuanto se levantó el veto, volvió al camino y a la fatiga. En la colección Memoria de la escena española encontraremos importantes testimonios de esta aventura a lo largo del siglo XX.

La Fundación Aisge promueve entre sus socios mayores de sesenta años la elaboración de sus memorias a través de talleres de escritura. Gracias a este proyecto, grandes de la actuación como Manuel de Blas, Asunción Sancho, Paul Naschy, Fernando Chinarro, María Elena Flores, Julia Trujillo o Ana María Vidal, entre más de cuarenta cómicos, nos ofrecen su visión de la vida y de la profesión. Una colección imprescindible para descubrir que cada uno de nosotros cuenta con el cómico de su vida, aquel que más veces nos emocionó, con quien hemos compartido una distancia íntima y profunda: ese tiempo amarillo del que habló el genial pelirrojo.

 

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