La vida avanza en espiral

Norbert Bilbeny

LA VIDA AVANZA EN ESPIRAL

Un texto de Norbert Bilbeny, autor de La vida avanza en espiral (Ariel), un evocador e inteligente relato que enseña valores y aporta esperanza en cualquier situación.

Imaginemos el cruce de dos coches en dirección opuesta por una carretera que une a dos pueblos. Eso ya es una historia. Pues: ¿Cuál es ese lugar? ¿Qué vehículos son? ¿Qué relación tienen entre sí? Pero más larga es la historia de cada vehículo antes de cruzarse: ¿Quién va ahí? ¿De dónde viene? ¿Qué hizo allá? Y aún queda otra historia por narrar: su futuro. ¿A dónde van? ¿Por qué allí? ¿Qué harán después? Una cosa tienen en común: el futuro de cada uno es el pasado del otro. Cada coche va al lugar de donde partió el otro.

Es la historia de mis dos personajes en La vida avanza en espiral. Un neurólogo que se jubila y un sobrino nieto que le visita por sorpresa el día en que aquél se va del hospital y recoge sus bártulos. El muchacho estudia medicina, también. Ambos sostendrán una larga conversación. El suicidio de un familiar común se convierte de pronto en el tema. Sin embargo, sus historias son diferentes. Infancia feliz y éxito profesional, por parte del adulto. Infancia infeliz y temor sobre el futuro, en el caso del joven. Pero éste, que recuerda con angustia su niñez, tiene toda la vida por delante, mientras que su abuelo, no. Por eso se complace, al contrario, en evocar su lejana niñez.

Sin pie, como ilustraci¢n 2El futuro de cada uno está en la infancia del otro. Como en aquellos dos vehículos, cuyo destino es compartir el origen. Todos venimos de lo mismo y vamos a lo mismo. Entretanto, el transcurso es variable y es variado. Como mis dos personajes, que encarnan posiciones quizá inesperadas para un lector. No es individualista el viejo, sino el joven; no es idealista el joven, sino el viejo. Pero ambos son vitalistas y su escepticismo, sin llegar a desengaño, aparece repartido a partes iguales. La infancia está en el centro y la moral da vueltas a su alrededor. Ser adulto e intentar vivir de acuerdo con uno mismo no es un avance en línea recta, ni quebrada, ni en curva abierta. La vida avanza en espiral, dando vueltas sobre un punto que, no obstante, ya no se vuelve a tocar.

He tardado cinco años en escribir este libro. La intención inicial fue construir un relato, a sugerencia de un amigo editor, sobre las diferentes cosas relacionadas de un modo u otro con la moralidad –con la “ética”, decía mi amigo– durante las veinticuatro horas de un día cualquiera y en la vida de cualquier persona. Se trataba, pues, de destacar la importancia de estos asuntos, los de nuestro lado o interior moral, aunque a menudo no nos demos cuenta de ello. El tema “promete”, por su densidad, desde los primeros minutos del día: por qué levantarme cuando suena el despertador, quién y en qué condiciones fabricó mi camisa, o el panecillo del desayuno, cómo debo tratar a mis compañeros, o si se puede desobedecer al jefe, etc.

El tema propende, además, a una fatigosa acumulación sin fin. A un hartazgo de moral que mande la moral a paseo. Pues cualquier acto parece teñido por nuestra capacidad de decir sí o no, o callarse, o pasar, respecto de algo significativo entrelazado con ese acto. De modo que me planteé escribir un libro didáctico, en forma de diálogo, sobre, como suele decirse, la “ética”. Y que, en efecto, ha acabado incluyendo cuestiones de esta índole, pero en el sentido más práctico y cotidiano de la ética, que es la moral: el conjunto, más bien complejo, de aquellos actos y actitudes que tenemos por apropiados –por “buenos”– en relación con quienes mantenemos algún tipo de vínculo relevante o significativo. Para empezar, en relación con uno mismo. Pero no he pretendido escribir un tratado, ni siquiera un ensayo, ni menos un manual de autoayuda moral. Discrepo de la identificación de lo que llamamos la “ética” con la teoría, y personalmente me repugna la moralina con que, por lo contrario, otros la confunden. Una cosa es la ética académica, o sea la filosofía de la moral, asunto sin duda teórico, y así ha de ser. Pero otra cosa es la ética en su sentido amplio y más común. Puestos en este plano –el cotidiano–, para mí, la ética, que tan a menudo se presenta hoy como un marco abstracto, o como una simple palabra, es sencillamente hacerse cargo de la moral. Somos éticos cuando nos hacemos conscientes de la moral, reflexionamos sobre ella y actuamos, en consecuencia, con responsabilidad. La ética es la responsabilidad.

Sin pie, como ilustraci¢nHe escrito un relato, una pequeña novela cuyo cuerpo es el diálogo y cuya alma, más que los hechos y las reflexiones que van y vienen en él, son los personajes mismos. El “algo” de la literatura, ensayo incluido, siempre es “alguien”. De modo que en mi libro son ellos, no las cosas que se cuentan, ni las ideas que parece que cuentan, lo que a mi juicio verdaderamente importa. Es claro que uno no suele ser el mejor juez de sí mismo, y que unos dirán que mi obra es a fin de cuentas un ensayo, o una pequeña novela, o sencillamente un diálogo. Me conformo con cualquiera de estas etiquetas y hasta que se la diga huérfana de género. Ya sería un género.

Pero lo que he querido hacer es un relato en que lo que cuenta es la persona y la importancia de lo que dice que le afecta. Porque es la importancia de la moral. En el libro se conversa, más que “sobre”, “a propósito” de cuestiones morales vividas por uno u otro personaje o ambos a la vez: la libertad, la responsabilidad, la culpa, la profesión, la personalidad, la familia, la solidaridad, el egoísmo, el amor, la felicidad, el mal… Sacudidos todos por el vendaval del suicidio, que surge de repente en esta historia.

Todo alcanza más relieve y sentido cuando la sombra de la muerte nos hace conscientes del límite de nuestra vida y de las grandes oportunidades, mientras, para aprovecharla. Creo que el lado trágico de mi historia se compensa, por si hubiere necesidad, con este mensaje tras la cortina: que en la apuesta por la vida el trofeo ya está ganado. Sólo que, en adelante, depende del ganador administrarlo bien y gozarlo.

Afirmo que son los personajes, más que el destino, las circunstancias, o las ideas que los forman y deforman, los que acaban tejiendo su historia. Pero ellos no serían los protagonistas sin que se detuvieran en la importancia de la moral en su vida. Es un libro, en conclusión, dirigido a la juventud.

Libro

La vida avanza en espiral

Norbert Bilbeny – Ed. Ariel

112 págs

16,90€

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