Mis crímenes favoritos

Paco PÇrez Abell†n

MIS CRÍMENES FAVORITOS

Un texto del periodista Francisco Pérez Abellán, que acaba de publicar Los crímenes más famosos de la historia (Planeta). Siempre es un placer leer al maestro español de la investigación criminológica, y más cuando se trata de una obra tan completa, amena y… perturbadora.

 

Este volumen de Los crímenes más famosos de la historia es una selección de mis crímenes favoritos. También de los favoritos de otros autores como Francisco Umbral, Pío Baroja, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, José María Gironella, Federico García Lorca y Ramón J. Sender. Algo único que nunca se ha contado.

Pero además está la preocupación constante por la relación histórica del crimen y la política. No sólo porque a Michael Corleone le dicen en El padrino, mientras se esconde en Sicilia, que “la política y el crimen son la misma cosa”, sino porque ya en el “crimen de la calle Fuencarral”, uno de los más famosos de todos los tiempos (1888), mientras en Londres Jack el Destripador se preparaba para matar, tiene que dimitir Eugenio Montero Ríos, presidente del Tribunal Supremo, por ejercer de protector de Millán Astray, director de la prisión Modelo de Madrid de la que el principal sospechoso sale cuando quiere mediante precio. En este crimen es en el que por primera vez se ejerce judicialmente la acción popular a cargo de un grupo de directores de periódicos. Y ni siquiera así se hizo justicia. Como puede verse en mi libro, la infeliz criada Higinia pagó los platos rotos de todos los señoritos.

Ya en los tiempos de la dictadura franquista se fraccionó la historia haciendo que los crímenes del terrorismo no fueran tratados por la secciones periodísticas de sucesos. Pasaron a ser editados por las secciones de Nacional, mucho más controladas por la directrices políticas. El trato por los especialistas de sucesos habría sido más objetivo e imparcial pero esto no interesaba. Desde el asesinato de Melitón Manzanas hasta la matanza de los abogados de Atocha y mucho más la política ha dirigido el trato de la información de sucesos. Yo, que soy un investigador del crimen, persigo igual al asesino si es de derechas o de izquierdas, y me da igual si es blanco o negro, cristiano o musulmán. En cambio, la politización de la justicia es un hecho escandaloso cuya última muestra es la aparición de la figura del “fiscal-defensor” en algunos procesos de especial relevancia. No hay crímenes comunes y políticos. Todos los crímenes son iguales. Da igual que los cometan los políticos.

Pero ya cuando lo del crimen de la calle Fuencarral la justicia estaba tan politizada que pese al evidente pringue del presidente del Supremo, Montero Ríos, que había sido ministro con Prim, no impidió que fuera elegido para nuevos y más importantes cargos. Algo que puede observarse de forma reiterada en la política española. Después de dimitir vergonzantemente llegó a ser ministro de Gracia y Justicia y presidente del Consejo de Ministros. Y no es en absoluto la carrera más prolongada y turbia de la politiquería del siglo XIX, un siglo muy poco estudiado, lleno de fantasmas y mentiras, que por el hecho de no haberse divulgado permite a día de hoy que persistan los mismos errores. La regeneración del país tendrá que mejorar las leyes y vigilar la Justicia, donde los políticos deben ser tratados como unos ciudadanos más cediendo sus privilegios.

abellan libroEl “crimen de Casas Viejas” es el gran varapalo a la República y deja en entredicho a Manuel Azaña, convirtiéndose en su pesadilla y poniendo en duda las grandezas y admiraciones nunca contrastadas que políticos de izquierda y derecha y comunicadores liliputienses han difundido por su propio interés. Azaña era el presidente que permitió que las fuerzas del orden se desmandaran y apagaran la rebelión del comunismo libertario por la hambruna en la aldea gaditana de Casas Viejas con tiros a la barriga. No fue un acto político tratado de manera reverencial por los cronistas del régimen, sino un asesinato en masa, dirigido por un psicópata del que se sabe que volvió a matar y que incluso participó, gracias a su impunidad, protegido por la política benefactora, en el asesinato de García Lorca. Nunca he encontrado una mirada imparcial sobre estos hechos que aquí se cuentan y que recogen el testigo de los grandes enviados especiales del momento: Sender y Eduardo de Guzmán. Puede verse un relato histórico periodístico con la tragedia del “Seisdedos” y las utilizaciones que se han hecho de ella ocultando que fue un crimen común y no una acción política desgraciada.

Además de la parte política de crímenes como el asesinato de Luis Antón del Olmet, del que Umbral nunca supo quién mató a quién, aunque yo ahora aquí lo revelo, o Pérez Galdós, que difundió solo la versión oficial del crimen que no entendía, o Gironella que se interesó por la envenenadora llamada la “Viuda Negra”, o Pío Baroja que no tuvo coraje, como confiesa, para relatar el “crimen de Don Benito”, una historia de caciques, o la Pardo Bazán que se basó en la historia del hombre lobo gallego para escribir Un descuartizador de antaño, también cuento de forma emocionante una sorprendente selección de crímenes de mujeres, asesinas señeras y seguras: como muchas mujeres, hacen todo mejor que los hombres, incluso matar.

Por demás selecciono igualmente los grandes criminales más actuales, surgidos en la cuna de la civilización como Breivik, el monstruo noruego, que llegó a matar a un joven por minuto ante la negligencia policial y gubernamental en el país más mimado de la tierra. Estuvo matando todo el tiempo que los policías tardaron en llegar a la escena del crimen que fue mucho. O el Caníbal de Rotemburgo, la crema de los peores asesinos de Alemania, que demuestra que el criminal más sofisticado es ahora el que se come a sus víctimas.

En la historia buceo en asesinos en serie que ya lo eran cuando el “crimen de la Encajera” (1932) y revelo el tremebundo “asesinato del Arroyo de las Pavas”, con los dos asesinos posmodernos con tupé que figuran en la portada del libro. Una historia jamás contada sin complejos hasta ahora, buscando los datos objetivos y sin dejarse impresionar por los hagiógrafos, los embusteros de la historia y los escritores que presentan la realidad como una novela en la que esconden la verdad comprometida. Y lo hago ahora cuando han desaparecido los periodistas especializados en la cobertura de los crímenes, aunque quedan honrosas excepciones, la información está herida de muerte por el abrazo del oso de la política y la democracia está amenazada por un cascarón vacío.

El crimen es un hecho poco estudiado en nuestro país, donde hay demasiados asuntos sin resolver y donde desaparece gente que nunca es encontrada en los archivos policiales. Este es un libro sin complejos en el ejercicio de la libertad y la investigación que no se deja impresionar por los falsos santones. A la manera de mi amiga y maestra Margarita Landi, primero cronista de sociedad y luego “el inspector Pedrito” de la Dirección General de Seguridad (DGS). Cada vez que la veía, le preguntaba: “¿Qué tal, Margarita?”. Y ella, siempre me decía: “¡Pues aquí, viviendo del crimen!”. Una vez me contó que haciendo un reportaje en Galicia se vio obligada a atravesar un bosque de noche a la grupa de la moto de un desconocido. En medio de la oscuridad, el individuo trató de aprovecharse y le echó mano a un pecho. Margarita, que por desgracia fue una de las primeras mujeres mastectomizadas por el cáncer de mama, llevaba puesta una prótesis de madera como la pata de un pirata, que abandonó en la mano del hombre estupefacto para que se arreglara él mismo y salió huyendo como Valle Inclán. Llevaba para su propia protección un revólver y fumaba en pipa. Ella era la rubia del descapotable más intrépida que imaginarse pueda. Me enseñó con su olfato y sabiduría a elegir mis crímenes favoritos. Son estos que publica Planeta en una edición adorable.

crimenesLos crímenes más famosos de la historia

Francisco Pérez Abellán – Ed. Planeta

300 págs

19,90€

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