Mario Escobar

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El amor vence al odio

El Genocidio nazi también tiene sus olvidados. Además de seis millones de judíos,
los nazis exterminaron sistemáticamente a detractores, comunistas, artistas “decadentes”, homosexuales, testigos de Jehová, gitanos… Precisamente es el exterminio gitano el que alumbra las inolvidables páginas de Canción de cuna de Auschwitz (HarperCollins).

EDURNE KOCH

La presentación en audio de su libro viene acompasada por una famosa canción de cuna que contrasta con la cruda imagen del campo de Auschwitz. ¿Se puede adormecer o calmar a un niño ante tanta tristeza?

Esta bella melodía es de Johannes Brahms, la compuso para el segundo hijo de la soprano Berta Faber. Es la canción que Helene Hannemann utiliza para calmar a sus hijos. Lo cierto es que la idea me vino por mi hijo Alejandro. Cuando se siente muy angustiado y no puede parar de llorar, le pide a mi esposa que le cante la nana de cuando era un bebé y así logra tranquilizarse. El canto de una madre es capaz de calmar a un hijo hasta en el mismo infierno. En Auschwitz sonaron miles de canciones de madres caminando junto a sus hijos hacia las cámaras de gas o en los trenes que les llevaban hasta los campos.

En esta canción de cuna se dice, entre otras cosas, “… mañana, si Dios quiere, volverás a despertar”. ¿Qué había de verdad en ello?

Es uno de los secretos de la protagonista. Nos pasamos la vida pensando en qué sucederá mañana y preocupándonos por el futuro. Helene aprendió a disfrutar el momento. Pablo López lo define muy bien en su famosa canción contra el cáncer cuando dice: “Este es el mejor momento. No sabemos qué puede pasar mañana”.

¿Esta canción de cuna es una sentencia escrita?

Yo la veo más bien como un grito de esperanza. Helene se niega a aceptar la realidad, se enfrenta al sistema y, aunque sabe que no puede triunfar, considera que vivir y hacerlo con dignidad ya es un verdadero triunfo. Cuando lees el significado de la canción de cuna en español te das cuenta de que intenta transmitir sosiego y valentía ante todo aquello que nos aterroriza.

Helene Hannemann

¿Es la figura de la enfermera alemana Helene Hannemann un ángel de la guarda casual para esos niños?

No creo en las casualidades. Aquella mujer increíble tomó la decisión de acompañar a su familia al mayor campo de exterminio de la historia. Decidió convertirse en la directora de la guardería en el campo gitano de Birkenau y nunca dejó que las circunstancias decidieran por ella. Parecía predestinada a ayudar a aquel campamento y llevar un poco de luz y esperanza en medio de tanta desolación.

Ella está casada con un hombre de etnia gitana, tiene cinco hijos –y no olvidemos que los niños fueron los más vulnerables en esta masacre (niños judíos, etnia gitana e incluso niños discapacitados alemanes)–. ¿Puede haber amor donde hay tanto odio?

Prácticamente no sobrevivieron niños. La mayoría morían asesinados a las pocas horas de llegar a Auschwitz, pero el campo gitano tenía un estatus especial. Se permitía que las familias estuvieran juntas e incluso que vistieran su ropa de civiles.

El amor siempre vence al odio, ya que este únicamente es la negación del primero. La potencia del amor es capaz de sanar y reparar lo que el odio ha destruido. Los prisioneros del campo, a pesar del esfuerzo de sus carceleros, nunca dejaron de ser humanos. En Auschwitz hubo hasta alguna boda y muchos nacimientos clandestinos. El amor en el fondo es lo que da sentido a la vida y nos convierte en personas.

Dedica su libro a su mujer, Elisabeth, con la que visitó Auschwitz. ¿Cuál fue la impresión de su mujer?

Unos años antes habíamos visitado Dachau, no era la primera vez que entrábamos en un campo de exterminio nazi, pero mi esposa se quedó sorprendida de lo vasto y gigantesco que era aquel lugar. También que Auschwitz, como fábrica de muerte, parecía más un complejo industrial del horror que un campo, lo que creaba una atmósfera de frialdad en un primer momento, pero al regresar a España, todo el peso del horror de Auschwitz cayó sobre ella produciéndole una profunda sensación de sinsentido. Tengo dos hijos. El hecho de ser padre creo que me ayudó a entender la mente de Helene y, aunque soy consciente de que nunca podré comprender el amor de una madre, me inspiré en mi esposa Elisabeth y en mi madre para crear en el personaje sus referencias maternas.

Dice que hay que “perdonar para amar” .¿Sabemos hacerlo? ¿Cuáles serian las pautas?

Los seres humanos buscamos la venganza y lo llamamos justicia, pero para que la justicia sea verdadera debemos saber perdonar. Las guerras y la violencia son el resultado de ese odio y de esa sed de venganza, que parece inagotable en el ser humano. Cuando nuestro corazón está lleno de odio no hay sitio para el amor. Perdonar no es olvidar, algunos lo confunden. Es simplemente no guardar rencor, el rencor es de los pocos sentimientos que terminan destruyendo tu ser interior. Cuando no somos capaces de perdonar, terminamos anestesiándonos y dejamos de ser felices.

Ni§os supervivientes de Auschwitz 1

Una canción de cuna es una invitación al sueño y el sosiego, es la forma en que una madre transmite seguridad a sus hijos… ¿Cree que Helene pudo conseguirlo en un lugar en el que día a día veía desaparecer a los niños de esa improvisada guardería?

Helene consiguió experimentar la paz interior de los que sienten que están haciendo lo correcto. La guardería estaba muy bien organizada, contribuyó a sacar a los niños de la terrible rutina del campo, alimentarlos y resguardarlos del frío y las enfermedades. Naturalmente le producía desasosiego lo que sucedía a su alrededor, pero intentaba transmitir a los demás tranquilidad y paz. Cuando otros dependen de ti no puedes dejarte llevar por el desánimo.

Se ha escrito mucho sobre Auschwitz. ¿Qué ha querido usted que aportar con su novela “Canción de cuna de Auschwitz”?

Llevo casi treinta años leyendo sobre el tema, un tercio de mi biblioteca se centra en la Segunda Guerra Mundial y el nazismo, pero no quería escribir nada sobre Auschwitz hasta encontrar una historia que nos enseñara algo diferente a lo que hasta ese momento habíamos escuchado o leído. Un día conocí a Miguel Palacios, el presidente de la Asociación para la Memoria del Genocidio Gitano por los nazis. Al escucharlo hablar me quedé impresionado de lo poco que se había escrito sobre las víctimas gitanas. Quedamos unas semanas más tarde y me llevó varias historias, leer sobre la vida de Helene me quedé asombrado. Muy poca gente fue voluntariamente a Auschwitz, prácticamente nadie mantuvo su dignidad y su determinación en aquel terrible lugar. Helene me enseñó que siempre podemos enfrentar cualquier situación, que nosotros tenemos el control de nuestro destino.

¿Entendían los niños de la situación que se vivía en el campo de concentración?

Los niños tienen una gran capacidad de adaptación a las situaciones difíciles. Su imaginación les permite crear estrategias para transformar la realidad. Para ellos todo es una especie de juego, un aprendizaje. No se hacen tantas preguntas, se limitan a vivir el día a día.

¿Son los niños más sabios ante las situaciones injustas?

No creo que sean más sabios, pero sí más comprensivos. Los adultos juzgamos las cosas según nuestras creencias y criterios, los niños son conscientes de que las reglas no las ponen ellos, las ponen otras personas. Conviven con las prohibiciones y los premios sin entenderlos del todo y aprenden por imitación.

Acceso a Auschwitz, El trabajo hace libre

¿A usted de pequeño le cantaron canciones para dormir, o se iba calentito a la cama por no querer acostarse?

Mi madre me cantaba muchas canciones. A veces antes de ir a dormir y otras mientras me bañaba, aún me acuerdo de ellas. La música tiene un poder sanador sobre las personas. En Auschwitz había mucha música, los nazis la utilizaban para tranquilizar a los prisioneros y los domingos se la ponían ellos mismos para apaciguar sus oscuras almas.

Su libro me hizo recordar una noticia en la que hablaban de un juguete que se había popularizado: un peluche en el que los padres podrían grabar su voz con mensajes para cuando ellos estuvieran ausentes. ¿Qué le parece¿ ¿Nos quedamos con el poder de una voz cercana y el cariño que demuestra la protagonista de su novela?

La voz de Helene fue capaz de calmar a todo un campamento, el libro aspira a conseguir el mismo efecto en los lectores y lectoras. Vivimos en un mundo convulso y repleto de malas noticias. Helene nos transmite e inspira esperanza. Nos dice: “Sólo duerme… feliz y dulce, contempla en tus sueños el paraíso”.

¿En qué está trabajando actualmente?

Tengo varios proyectos entre manos. Ya estoy hablando con los editores en España y Estados Unidos de HarperCollins sobre una bella historia que transcurre en Francia. Aunque el viaje de más de tres semanas por las ferias de América, recorriendo desde Buenos Aires a Santiago, de Bogotá a México y Miami, me va a tener muy ocupado hasta el verano. Quiero pensar, como Helen, que hoy es el mejor momento. Libro

Canción de cuna de Auschwitz

Mario Escobar – Ed. Harper Collins

240 págs

17,90€

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