Fernando Sánchez Dragó

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FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

Un reto literario que… casi le cuesta la vida

Luis Roldán como base de una novela de no ficción: así se puede definir, con ligereza, la nueva obra de Fernando Sánchez Dragó. ¿Una novela sobre Roldan?… ¡Ni aunque la hubiera escrito Graham Green!

texto David Zurdo fotos Asís G. Ayerbe

 

Fernando Sánchez Dragó es un hombre puntual. Lo sé. Así que estoy delante del portal de su casa a las 11:55 horas (nos hemos citado a las 12). Espero hasta las 12:05 y llamo al timbre. Dragó tarda un poco en contestar. Una vecina ya ha abierto. Reculo y le contesto, sujetando la puerta. Hay ascensor, pero prefiero subir por las escaleras. Arriba me espera el autor de Gárgoris y Habidis, que me tiende la mano, con una sonrisa, me invita a pasar y me dice: “En esta casa es costumbre descalzarse”. Me he puesto calcetines nuevos, no hay problema. “¿Quieres unas pantuflas, Zurdo?”. No hace falta, me encanta andar descalzo. Pasamos a la zona de la casa donde tiene su feudo. Comparten espacio juguetes infantiles, gatos, libros y recuerdos. Dejo mis cosas sobre la mesa y preparo las grabadoras. Dragó se sienta a un lado. Bromeamos sobre la entrevista que, hace ya más de diez años, le hice en Telemadrid: sólo hubo una pregunta y una respuesta ¡de casi veinte minutos! Se ríe y me dice que hará todo lo que pueda para contestar más sucintamente.

Tan interesante como sus libros

Dragó siempre ha sido un provocador. Parece que ya hay no hay provocadores inteligentes, con sentido, con ideas. ¿Ha cambiado Dragó o ha cambiado el mundo?

A mí me molesta que me llamen provocador. Siempre me ha molestado, porque yo lo que he tenido siempre son ideas y actitudes provocadoras. Pero un provocador es un impostor, que falsifica su forma de pensar para inducir una reacción en el que le está escuchando, y yo nunca en mi vida he hecho eso.

Conste que me refería a eso…

Siempre fui un niño raro, eso es cierto, y ya en el cole me llamaban provocador. Y no era provocador: ¡simplemente era raro! Pero no, no he cambiado. Hay un eje fijo en las personas, que es el carácter. Cuando leo las redacciones que escribía a los nueve años, me reconozco en ellas; digo cosas relativamente parecidas a las que puedo decir ahora, por lo que veo que no he cambiado.

Entrando en materia: ¿qué es una novela de no ficción?

Sanchez-Drago-chamanismo-origen-religiones_MDSVID20130311_0019_3Una novela de no ficción… En Japón existe lo que llama la literatura del yo. Ha sido la literatura que siempre me ha gustado, no sólo para leerla, sino para escribirla. Al final, el escritor siempre escribe los libros que le gustaría leer. A mí una novela, por muy buena que sea, que me cuenta los avatares de la vecina de enfrente con el zapatero, no me interesa para nada. A mí me interesa la literatura del samurái, la literatura del escritor que se raja la tripa con una katana y que expone sus vísceras… Eso es lo que se llama literatura egográfica. Empieza por San Agustín, que escribe en primera persona sus Confesiones, y a partir de ahí nadie vuelve a escribir de ese modo hasta el siglo XVI, hasta que Benvenuto Cellini escribe sus memorias. Hoy, el género de la novela de no ficción está por todas partes… Javier Cercas, Truman Capote –que es uno de mis modelos–, Muñoz Molina…

A Truman Capote lo menciona a menudo en La canción de Roldán. ¿Ha temido que escribirla le destruyera, como a él le destruyó escribir A sangre fría?

La referencia a Truman Capote no es casual. Me vi arrastrado a él y me di cuenta de que había un paralelismo muy evidente. ¿Qué le pasa a Truman Capote? Él lee una noticia en un recuadro de un periódico sobre un asesinato que ocurre en Kansas. Al principio no pensaba escribir un libro, pero se va enredando y enredando en la historia. Empieza tan de uñas como lo estaba yo con este libro, aunque termina enamorándose de uno de las personas que son ahorcadas. Truman Capote fue destruido por ese libro, nunca volvió a terminar uno. Se metió en una espirar de drogas, alcohol, hasta que apareció misteriosamente muerto en Los Ángeles. Yo he vivido una experiencia extraordinariamente parecida, incluso porque también me puse a investigar un delito, exactamente igual que hizo él.

¿Ha sido una experiencia dura?

He escrito algunos libros que han sido muy duros para mí. Uno es Muertes paralelas, por la muerte de mi padre. Era un libro emocional, pero aquí, en cambio, fue más hostil. Me llevó casi al borde del suicidio, de verdad; incluso estuve indagando las formas más humanas y compasivas de suicidarse… De repente, cuando me encuentro enredado en las redes de este libro, me convierto, con setenta y cinco años que tenía cuando empecé a escribirlo, y con no sé cuántos libros publicados, en un escritor nobel. Y no tengo armas para lo que, al principio, creía que iba a ser una escritura en tercera persona sobre algo ajeno a mi mundo. Yo siempre había escrito sobre mi mundo, sobre mi mundo exterior o mis viajes, aventuras, amores… Soy muy trabajador escribiendo. Me pongo a las 7 de la mañana delante del ordenador y estoy hasta las 7 de la tarde, con alguna brevísima interrupción. Más o menos, consigo escribir cuatro o cinco folios listos para publicación. Pero con este libro, folio, folio y medio… Era agónico, sacaba las palabras como en un parto con cesárea… Yo puedo renunciar a todo, a tomar ostras con champán, que me gustan mucho, puedo renunciar hasta a follar, pero hay tres cosas a las que yo no puedo renunciar: una es viajar y las otras dos son leer y escribir. No puedo dejar de leer y no puedo dejar de escribir. Si tengo que dejar de hacerlo, prefiero morirme. O me da igual morirme, porque mi vida es lectura y literatura.

¿Eso fue lo que le llevó a las ideas suicidas?

Toda mi vida ha estado alrededor de la literatura. Si yo ahora, a mi edad, no conseguía enfrentarme a este desafío y llevarlo a buen término –no digo ya ni escribir un libro bueno o malo, eso ya se vería–… si no lo llegaba a terminar, no solo estaba acabado como escritor, sino como ser humano porque para mí es la misma cosa. De ahí que mi idea del suicidio ya se hubiera producido, por si perdía esta batalla. Por eso tenía que ganarla.

¡Ni aunque la hubiera escrito Graham Greene!

¿Roldán como personaje de novela?…

sanchez-dragoRoldan, en sí mismo, no es una persona interesante. Se ha vuelto interesante por su peripecia, no tanto por su peripecia delictiva, sino por su peripecia carcelaria. Es un personaje extraordinariamente literario –es un personaje de Dostoyevski en La casa de los muertos, es los asesinos de Kansas de Capote, es el Conde de Montecristo–. Roldán ha sido el protagonista del mayor ensañamiento y aislamiento penitenciario, que fue brutal. Eso es lo que a mí me va fascinando, y es por eso por lo que desvío todo el interés del libro del fondo político, periodístico, informativo, que no me interesaba nada porque ya estaba contado, y lo llevo hacia la peripecia personal de Roldan y cómo este hombre expía su pena a través de la lectura y los recuerdos infantiles.

¿Cómo es Luis Roldán?

Luis Roldán es una persona amable, agradable, simpática, depresiva, que a menudo se pone de uñas –y es lógico que se ponga de uñas–, culta, muy culta, mucho más de lo que la gente se puede imaginar, gran amante de la música clásica… Y es que en la cárcel tiene tiempo para leer de todo, desde Aristóteles… Además es un hombre que ha tenido la suerte de encontrar, en la recta final de su vida, a esa gran dama rusa que es Natasha, en verdad un personaje de Tolstói. Ella lo ha rescatado.

¿Cómo se ha enfrentado a escribir la historia de un pícaro, como usted lo define?

Es un género inventado en España, la picaresca. Es normal, porque este es un país de picaros y la picaresca es la conducta normal de la gran mayoría de los españoles.

Me ha resultado curioso un comentario suyo dentro de la novela en el que dice que no compraría un libro sobre Roldán ni aunque lo hubiera escrito Graham Greene.

Eso es lo que más me preocupa en la difusión del libro, que el lector piense que es un libro periodístico, de carácter informativo, cuando no es nada de eso, sino una novela. Por eso le hemos dado tantas vueltas a la portada. El editor me decía que poner la cara de Roldán en la portada era una puñeta. Imagino al que compra el libro y lo tiene en la mesilla de noche hasta que lo termina…

¿Una obra de encargo?

En principio, esta es una obra de encargo. ¿Cree que los encargos de la industria coartan al autor o, por el contrario, le dan impulso?

1167246837_0Una novela por encargo, como cualquier otro incentivo, puede ser el comienzo de una gran cosa. De todas formas, es muy relativo que esta sea novela un encargo. Cuando me llega esa tentación, esa muleta que me ponen delante, ya se ha producido un absurdo encuentro mío con Roldán. Tuve la sensación de que el destino es el que pone delante del escritor una novela que le está persiguiendo. Cuando me lo propusieron, yo no acepté de inmediato. Dije, “bueno, tengo que pensarlo, voy a estudiarlo”. Meses más tarde decido que sí puedo escribir la novela, y entonces ya no era un encargo, era algo que me salía de dentro. Aparte, muchas grandes obras de la literatura se han producido por encargo… En mi caso fue un desafío, más que un encargo.

¿Ha experimentado una especie de síndrome de Estocolmo? ¿Es Roldán ahora su amigo?

Sí, ahora somos amigos. ¿Tú crees que puedes no ser amigo de una persona de la cual has estado escribiendo durante tres años, metiéndote hasta los más íntimos entresijos de su vida y de su trabajo?… Como decía Dostoyevski, un novelista tiene que tener empatía con sus personajes, tiene que tener piedad de ellos. Crimen y castigo no está escrito sin piedad. Se puede decir que es síndrome de Estocolmo, pero simplemente es el fruto de una relación. Roldán ahora es una persona decente, una persona con honra.

No le ha pasado como al padre Coloma, que escribía poniendo “verdes” a todos los personajes.

A mí no me gusta la gente que habla mal de los demás, y ése es un mal muy español. Los españoles se dedican sistemáticamente a poner a parir a todo el mundo. No lo puedo comprender. Cuando delante de mí una persona se pone a hablar mal de otra, aunque esté justificado, yo ya de esa persona no me fío.

¿Cree que cualquier de nosotros podría haber sido Roldán?

Eso fue una situación muy dramática para mí al escribir el libro, cuando me di cuenta de que todos podríamos haber sido Roldán. A la mayoría de las personas no nos han ofrecido nunca un “sobre”, pero seguro que casi todos los cogeríamos. Para mí fue duro ver cómo tras el rostro de Roldan no sólo se estaba dibujando el rostro de la historia española, sino que se estaba dibujando mi cara y la tuya, y la de cualquier persona de la calle, no nos engañemos.

Hablando de eso, ¿al mirar a la grieta, ella también le mira a uno?

Naturalmente. Este año voy a dar el pregón taurino en la Maestranza de Sevilla. Voy a reflexionar sobre esa oración que nos enseñaban en la infancia y sobre la que reflexioné justo cuando estaba escribiendo el libro sobre Roldán. La oración decía: “Mira que te mira Dios, mira que vas a morir y mira que no sabes cuándo”. Esa es la mirada a la grieta.

Una mirada de la que uno sale fortalecido o destruido…

Es una mirada que te ayuda a tomar conciencia de quién eres. Puedes reaccionar ante ella de una forma positiva o puedes reaccionar de forma negativa y venirte abajo. Incluso empecinarte en el pecado o en el crimen. Es como el personaje de la vieja de Quevedo que cito en el libro, la que se mira al espejo y se da cuenta de que el problema no es el espejo. El problema eres tú.

¿Ha tenido que morderse la lengua?

He tenido que suprimir algunos nombres por consejo de mis abogados, pero todo lo que cuento es verdad.

¿Es verdad que quisieron matar a Roldán?

Sanchez-Drago-chamanismo-origen-religiones_MDSVID20130311_0019_3Al parecer se contrató a dos killers para quitarlo del medio. Lo hicieron determinadas personas –no voy a decir sus nombres– que aspiraban a la jefatura del gobierno. No sé si es verdad o no, pero es algo que me confirma Perote y que yo me limito a contar. También lo confirma el propio Roldán. Es algo que te pone los pelos de punta, que en pleno siglo XX pasen estas cosas. Y que se puedan contratar a killers para matar a un señor que había sido jefe de la Guardia Civil… Nos pasamos a los peores tiempos del Imperio Romano, lo que corrobora lo que decía Maquiavelo: “La política es sexo, dinero y poder”.

De lo divino y lo humano…

¿Qué le queda después de escribir La canción de Roldán?

Hay una frase de María Zambrano que está en la contraportada del libro. Ella dice que hay cosas que no se pueden decir, pero esas son las cosas precisamente sobre las que se tiene que escribir. Yo siempre me he esforzado por escribir sobre las cosas que no se pueden decir. La verdad es que para mí ha sido una novela en la que he invertido un esfuerzo hercúleo y que espero que refleje esa España mágica, de esa España podrida pero mágica al mismo tiempo.

¿Cuánta “pimienta Dragó” hay en este libro?

Ja, ja… Bueno, la cabra siempre tira al monte y cada maestrillo tiene su librillo. Es una novela, –insisto: una novela de no ficción– en la que he utilizado la aguja de coser del novelista. La aguja de coser del novelista es la libertad: entonces mezclas, metes todo en la probeta, fermentos, levaduras… Después de eso, hay mucho Dragó, pero no cuento nada en la novela que no sea cierto; literariamente, pero con una base real en todo momento.

Reflexiones a parte…

sanchezdrago1“Los gatos son mis maestros. En el Libro del Tao, que es el único que me llevaría a una isla desierta y que salvaría, se dice que el sabio es la única persona que sabe estar al mismo tiempo atento y en reposo. Eso es el gato. Por eso adoro a los gatos y mi vida siempre ha estado rodeada de ellos. Dedico mucho tiempo a mis gatos, es lo que más me gusta de todo lo que contiene el universo, más que el Quijote, más que las Meninas y más que el culo de Marilyn”.

Fernando Sánchez Dragó

La canción del Roldán

La canción de Roldán: Crimen y castigo

Fernando Sánchez Dragó – Ed. Planeta

632 págs

21€

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