Chufo Lloréns

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CHUFO LLORÉNS

El influjo de Barcelona

El siglo XIX está de moda. Aquel tiempo de cambios e innovaciones, de lucha social, avances y retrocesos es el marco –en Barcelona– de La ley de los justos (Grijalbo), la nueva novela del incombustible Chufo Lloréns.

MARIO FERRER

 

Desde hace ya bastantes años, la Ciudad Condal se ha convertido en el escenario de fenómenos literarios sin precedentes. ¿Qué será lo que tiene esta ciudad para atraer tanto a los lectores de todo el mundo? Si en el cine se dice que una película en un tren tiene el cincuenta por ciento ganado, en novela –sobre todo histórica–, eso mismo vale para Barcelona.

Más de mil páginas en Barcelona

¿Por qué Barcelona tiene tanto influjo literario?

Barcelona es una ciudad antigua, con dos mil años de existencia. Han pasado muchas culturas por ella, miles de situaciones. La proximidad del mar, la entrada de corrientes nuevas aporta muchas cosas. Se ha renovado muchas veces, y por eso aporta muchas facetas apetitosas de explicar y contar.

¿Cómo se afronta escribir una obra tan extensa?

Yo digo siempre que, cuando el escritor comienza el primer párrafo, si supiera dónde se mete a lo mejor no seguía. Pero yo soy un escritor al que le encanta desenlazar los personajes. No todos, tal vez los principales. Es como cuando te encuentras con una persona en la calle y no sabes cómo va a terminar. Además, soy un gran amante del planteamiento, nudo y desenlace de cada personaje. Cuando uno se mueve en una época tan rica y con tantas historias entrelazadas, surgen muchos personajes. Me gusta que el lector no se defraude al final y se pregunte qué fue de tal o cual personaje, porque no se ha aclarado su situación. Pero al tener que desenlazar tantas situaciones, eso hace que el libro tenga la extensión que tiene… Y bueno, creo que también se me ha ido un poco de las manos. Pienso, en todo caso, que no hay libros largos ni cortos: hay libros que interesen y libros que no interesan. Cuando un libro en la página treinta se te cae de las manos, aunque tenga sesenta páginas, ya se te ha caído; y cuando un libro extenso te invita a leer más, hasta se te hace corto.

Hay personas a las que les encantan los libros “gordos”.

Bueno, hay temas y hay especialidades que piden una extensión mayor. Una novela normal, un thriller por ejemplo, puede durar cuatrocientas o quinientas páginas, pero normalmente la novela histórica es extensa. El editor de novela histórica, si toma un libro que no tiene empaque o suficiente texto, no le gusta. Por su parte, el lector de novela histórica requiere un tipo de historia que de por sí ya requiere su desarrollo. Además, hoy día con las tabletas y los libros electrónicos ya no hay libros gordos. También hay temas que son para un tipo de momento, de relax, de descanso bajo un pino. Para eso, un libro amplio es ideal. Para otros momentos, como cuando coges un el puente aéreo o el AVE, entonces quizá es mejor un libro pequeño, que sea fácil de llevar. Tal vez vas acabarlo al llegar del viaje, o lo vas a dejar en el hotel porque no te interesa y no es para tu biblioteca. Todo tiene su momento, y la novela histórica requiere descanso y atención para seguirla puntualmente.

Crónica de una época

En su novela se muestra una gran lucha de clases. ¿Cómo era la sociedad en la Barcelona de la época?

Rambla de les Flors, Barcelona, en el siglo XIX. Foto de Antoni EsplugasLos momentos históricos fabrican las sociedades. Acaba la Exposición Universal de 1888, la burguesía ha hecho dinero y quedan en el paro ocho mil personas que no saben adónde ir, que han venido a trabajar en la exposición y que se quedan en la calle. Barcelona se está industrializando con telares y maquinarias técnicas, por lo que la mano de obra va siendo menos necesaria. Aparte se abre la Via Laietana al mar y se tiran más de diez mil casas, con más gente que se queda en la calle, que no tiene para comer, y se genera, en respuesta popular, el anarquismo. Empiezan a ponerse bombas; bombas como la del Día de las Mercedes, la bomba del Liceo, la bomba del Corpus… Hay un ambiente de izquierdas, se funda la UGT de Barcelona, y los obreros quieren que los burgueses vayan mirando hacia atrás y teman salir de casa. Contra ese mundo es contra el que luchan, a esa burguesía de Barcelona es a la que atacan. Y eso nos lleva a personajes brillantísimos que en la novela, como un par de hermanos que son tremendos y estupendos, y que tienen tanta importancia como los protagonistas. En ese clima social choca la suma riqueza con la suma tristeza de trabajadores, con jornadas de dieciséis o dieciocho horas. Además, la actuación de la policía y la guerra de Cuba hacen que sea un momento crucial en la historia de Barcelona.

También hay religión, espiritismo y hasta exorcismos y endemoniados.

Todos esos eran temas candentes en la sociedad de la época. Se entremezclaban. Por ejemplo, hubo exorcismos reales. El Marqués de Comillas, un hombre generoso en sus comentarios y en sus dádivas, también se dedicó al exorcismo, a despertar a los demonios. Ese es el contraste que encontramos en aquel momento histórico.

Es una época de avances. ¿Cómo influyeron a la sociedad?

De muchos modos distintos. La masonería, por ejemplo, estaba de moda en Barcelona –aunque también el circo o la magia–. Es un mundo en el que la humanidad va avanzando, interesándose por cosas nuevas que van surgiendo. Fabricar cosas era importante. Al llegar la electricidad, al llegar el teléfono, al llegar el ferrocarril, la humanidad se cree que ha llegado a la cumbre. El submarino hace una prueba en la que llega a Barcelona. Asiste la infanta María Cristina y lo ve entrando por el puerto… La sociedad de esa época, insisto, se creía que estaba en la cumbre del mundo. Surgió el modernismo y también hubo una eclosión sociopolítica en Barcelona. Fue un cóctel, una amalgama de cosas que hacen que la época fuera apasionante.

Aunque los hechos reales ocurrieron más tarde, usted recoge el caso de la asesina Enriqueta Martí.

Sí, realmente es posterior a la época de la novela, pero el personaje era tan apetitoso que por eso lo incluyo y transformo en el personaje de Pancracia Betancourt, que tiene el mismo recorrido que Enriqueta Martí –todo el mundo sabe su historia, la Vampira del Raval–. Lo que la gente desconoce de esta mujer es que iba al Liceo bien vestida, porque era la amante de un burgués rico –había un día a la semana en que iban al Liceo las queridas, por lo que, evidentemente, ese día no asistían las esposas–. Esta mujer hacía “potingues” con vísceras de niños. Se disfrazaba de mendiga para captar a los niños, que también utilizaba en la mendicidad. Era un personaje muy curioso, que está clavado en la historia negra de Barcelona, del barrio del Raval, y que por eso sale en la novela y es un personaje importante en ella.

A pesar de que estaban castigados por la ley civil e incluso con la excomunión, ¿es cierto que se seguían practicando duelos a muerte?

Estaban, de alguna forma, no permitidos, pero sí tapados. Eran duelos entre gente de nivel, gente digamos de calidad. Siempre había el amigo influyente, el general influyente, algún ministro, y la policía andaba con ojo antes de meterse personas que podían crearles un problema. En efecto, el duelo estaba prohibido por ley, pero para eso está la hipocresía. La gente se seguía batiendo, y de ahí la gran moda de las escuelas de esgrima de aquella época, que se prolongaron hasta muy tarde, hasta más allá de 1900. Allí se preparaban para los eventuales duelos y se reunían retadores y retados. Las reglas del duelo eran muy severas: las distancias, los padrinos… Sí, los duelos estaban castigados por la Iglesia y por las autoridades, pero estas últimas, como digo, hacían la vista gorda y no los perseguían con ahínco. Había demasiados intereses creados.

En su novela toca también el negocio y el comercio de esclavos en la España colonial.

España tenía las colonias de Cuba y Filipinas. Para los ingenios y las plantaciones de tabaco y café hacía falta mano de obra. La mano de obra local tenía fama de débil, que enfermaba a la mínima y no servía. Entonces, a partir de ese momento, se empezó a traficar con esclavos desde Dakar a Brasil y Cuba. Los americanos del norte habían ganado la guerra civil y abolido la esclavitud en su país, pero en Cuba hacían falta esclavos. Cuando se prohibió por ley el tráfico de esclavos, se urdieron mil sistemas para poder evitarlo, igual que cuando la ley seca en Estados Unidos. Hubo contrabando y mucha gente se hizo millonaria en España gracias a ese comercio, ese tráfico de esclavos. Hasta que terminó, estuvo un tiempo rozando lo ilegal. Y hubo en ello gente muy famosa, con apellidos ilustres que suenan actualmente en la nomenclatura de España, que todavía están ahí.

Un tiempo conectado con el nuestro

Salvando las distancias, porque ha pasado más de un siglo, ¿hemos cambiado mucho?

Hemos cambiado y mejorado mucho, sí, pero también hemos empeorado en algunas cosas. En el trato, por ejemplo. Entonces la educación era una norma, el respeto hacia las personas, marcado por las normas sociales. Había una manera de tratarse los unos a los otros. Recuerdo una anécdota curiosa. En el Madrid de Felipe IV se justifica un duelo porque el retado había llamado de vos en vez de vuecencia a un noble… ¡Se justifica el duelo por eso, porque le había tratado de vos! Imagínate en los tiempos actuales, que llegas a cualquier tienda con una edad…, bueno, mayor, y todo el mundo te tutea. Eso ha cambiado, va con los tiempos. En algunas cosas estamos mejor y en otras peor.

Novela histórica, novela costumbrista… ¿Cómo definiría usted La ley de los justos?

Es una novela histórica. Pero la novela histórica es primero novela y luego histórica… Es decir, cuando vas al teatro no hace falta que te expliquen el escenario, porque lo ves. Tienes una referencia de la época en los muebles, los trajes, el atrezo. Todo eso te indican en qué momento se mueven los personajes. En la novela no se ve el escenario, así que necesitas hacer un cuadro de los personajes. Luego, cuando los desarrollas, si son históricos los respetas, aunque no por ello dejes de novelarlos. Yo les doy un tratamiento serio aunque liviano. El dialogo, lógicamente, te lo inventas. Lo que sí hay que ser es fiel, cuando el personaje es histórico, a lo que pudo decir en ese momento. Has de respetar siempre la historia, lo que no quita para que en la ficción ésta predomine sobre la historia.

Me gustaría saber si Chufo Lloréns escribe las novelas que a él le gustaría leer.

ChLl_26Sí, yo escribo así siempre. Por eso he dicho que me gusta que los personajes terminen, que no me digan los lectores qué fue de aquel personaje. Me gusta también que el final sea coherente y sorprendente. Coherente porque, si traigo a un personaje hasta el final, dando y marcando un carácter, no puede ser que haga todo lo contrario al personaje que tú has ido describiendo. Y sorprendente porque al lector, pese a que sea coherente, le agrada ese factor de sorpresa final, insisto que siempre dentro de la coherencia. Me gusta que el lector se quede satisfecho y que disfrute de la novela. En este caso, de las mil doscientas páginas de este libro; que al terminarlo sienta que se le ha hecho corto, y que cuando le falten cien páginas diga “qué lástima, se está acabando”. Eso es lo que más me puede gustar, como escritor y como lector.

Antes de ser escritor…

Al margen de la escritura, usted es una persona con la capacidad de triunfar. Lo ha hecho en más de un ámbito. Porque tuvo una agencia de representación de artistas, ¿no es cierto?

Lo que yo tuve fue una sala de fiestas en Barcelona. El alambique donde ensayaba a mis artistas y probaba a mi gente nueva. Luego, durante mucho tiempo, estuve en el mundo del humor como humorista, en Pasapoga. Debuté en Florida Park, en el Alcazar, estuve en el Circo Price… En fin, tengo un currículum de humorista importante. Luego fui empresario de fiestas y empecé a escribir guiones de humor. Eso lo hice durante mucho tiempo, pero no me puse a escribir en serio hasta hace poco tiempo. Cuando aún estaba con el humor escribí una novela, que llegó hasta la última selección del premio Planeta el año en que ganó Terenci Moix. Al jubilarme fue cuando me pude dedicar a lo que más me gusta, que es la historia.

¿Y cómo empezó su carrera literaria?

Empecé con una novela histórica. Era sólo una prueba, algo escrito para mí… Pero, sorprendentemente, Te daré la tierra fue un gran éxito: se tradujo a trece idiomas y aún sigue en las estanterías de las librerías. El mérito de un libro no es salir, es quedarse. Es tal la presión que existe hoy, que en cuanto sale un libro nuevo retiran el antiguo y desaparece. Yo tengo la gran suerte, gracias al público, a los lectores, de que mis novelas estén en las librerías. Eso es muy reconfortante y muy bonito. La gran alegría de un escritor es que te lean, y que cuando vas a una firma te digan cosas maravillosas. Cosas que no te podías imaginar que han llegado al corazón de la gente.

La ley de los justosLa ley de los justos

Grijalbo

1.152 págs

22,90 €

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