El evocador de historias: Manuel Rivas

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El evocador de historias

El regreso de Manuel Rivas a la novela con El último día de Terranova (Alfaguara) supone un canto al poder liberador de la palabra y un homenaje al mundo de los libros y a las librerías. Rivas recorre la historia de censura y expolios que estos lugares sufrieron durante años para ejemplificar la lucha del hombre contra los abusos del poder.

Javier Pintor

El autor sitúa esta novela en una librería de A Coruña, Terranova, un lugar que representaría la historia azarosa que atravesaron infinidad de librerías en nuestro país en época de represión de la cultura libresca que era vista como amenaza subversiva al orden establecido. En la novela de Rivas, Terranova adquiere rango de personaje principal y encarna la defensa de los valores humanistas en contra de la barbarie representada al principio por los censores de la cultura y más adelante por los especuladores del suelo. La novela es un sentido homenaje al oficio de librero y al espacio de la librería como lugar de encuentro social y cultural de carácter igualitario donde no caben las diferencias tan presentes en nuestra sociedad actual.

Terranova tiene una geografía que la identifica con un espacio de salvación alejado de la degradación en la que está sumida la sociedad por causa de los depravados sin escrúpulos que reinan a costa del sufrimiento de los débiles. Terranova esconde tesoros que han llegado de fuera de España en equipajes secretos que los libreros custodian jugándose la propia vida. Y esos tesoros no son otros que los cuadernos del Ruedo Ibérico, las obras de León Felipe, Max Aub, Luis Cernuda, Antonio Machado, San Juan de la Cruz, William Blake o Walt Whitman, entre muchos otros. La historia de Terranova es la historia de la resistencia ante los totalitarismos que han asolado el mundo a lo largo de su historia.

La novela comienza de manera apocalíptica con una frase que anuncia el final del sueño del protagonista: “Liquidación final de existencias por cierre inminente”. Vicenzo se enfrenta así al cierre por desahucio de su emblemática librería, acuciado por la ambición desmesurada de los despiadados, los especuladores inmobiliarios. Estamos en el año 2014 y este espacio mítico puede desaparecer después de más de 60 años de firme resistencia ante los embates inmisericordes de los nuevos tiempos. Un territorio de la memoria con una geografía personal, un sitio donde el exilio se vivió fuera de sus muros.

manuel rivasEl espacio desempeña un papel muy relevante en toda la obra de Manuel Rivas y no sólo en su narrativa. El paisaje y la naturaleza son el humus que alimenta la geografía vital de este escritor. En su poemario más reciente, A boca da terra (Xerais, 2015) el autor confiere al lenguaje el don de la autenticidad y el poder de salvar a las palabras de la banalidad de lo efímero. Rivas recurre en este poemario al lenguaje figurado para que el lector pueda percibir su mundo interior. En sus anteriores narraciones el autor también visitó escenarios íntimos o cercanos que configuraron su itinerario particular. Si en Las voces bajas (Alfaguara, 2012) es el paisaje de la infancia y adolescencia en un barrio de A Coruña el que el autor recupera de su memoria personal, en Todo es silencio (Alfaguara, 2010), Rivas nos habla del narcotráfico en Galicia en un lugar que sitúa en Brétema, espacio imaginario aunque bastante real que ilustra de forma clara la corrupción en el que se mueve el hombre contemporáneo en una sociedad dirigida intencionadamente por los poderes fácticos orientados al “tanto tienes, tanto vales”. Dentro del valor referencial que el autor confiere al espacio en sus obras, Rivas traslada al lector de los contrabandistas de la droga a los contrabandistas de la cultura y de los libros prohibidos, del refugio para delincuentes al refugio para disidentes y libros prohibidos, en un cambio de escenario de gran carga simbólica.

El autor cede la palabra a Vicenzo Fontana, representante de una segunda generación de libreros, para que éste cuente su vida en primera persona desde el presente temporal de su vejez. El narrador de esta historia se enfrenta a una “tempestad” que va a clausurar su librería y piensa que sólo a través de la palabra conseguirá salvarla. Ya su padre gozaba del mismo privilegio tal como se nos dice en la novela: “Como Ulises tenía el vicio de hablar. Le gustaba más que el vino. Mientras los demás bebían, él disfrutaba narrando” (pág. 46). Hay en esta obra de Rivas un eco del relato homérico entendido como aventura en el que uno busca el sentido de su existencia.

Al relatar su vida, Vicenzo evoca también la de sus padres, Amaro y Comba, fundadores de la librería en 1947, la del abuelo Antón Ponte que alumbra el sueño del protagonista y la escritura de este libro, la del tío Eliseo, excelente narrador oral que anima las horas del pequeño Vicenzo durante su enfermedad, la de la misteriosa Garúa, militante política argentina que durante el otoño de 1975 seduce a Vicenzo con una edición de El cazador oculto de Salinger traída de su país, sin olvidarnos las fabulosas historias de Croto, Dombodán, el señor Estrada, etc. La historia de estas vidas está relatada con un lenguaje pleno de poesía en el que no falta el humor y un tono de dolorosa ironía provocado por los tristes recuerdos de un tiempo pasado que perdura en el presente.

El narrador principal intercala todas estas historias en la narración principal como si fueran retazos de un discurso real que se presenta en ocasiones como maravilloso pero que es tan verídico como la vida misma. La habilidad del autor consiste en enhebrar estos relatos a lo largo de todo el discurso narrativo sin la necesidad de que encajen en una estructura superior. Los relatos funcionan como piezas independientes que adquieren pleno sentido al final de la historia y permiten al lector reconstruir la historia narrada con todos sus matices. Se trata de una técnica que este autor domina con solvencia y que utiliza en muchas de sus obras ya que encaja con la concepción que Rivas tiene de la propia literatura.

Captura de pantalla 2016-05-11 a las 10.50.34Rivas afirma que escribe en círculos concéntricos que se expanden y adquieren sentido en la totalidad de una obra que está en permanente construcción y en la que la memoria es el hilo del que va tirando el autor para referir sus historias. Si en Los libros arden mal (Alfaguara, 2006) partió de la quema de libros realizada por los falangistas el 19 de agosto de 1936 en la Dársena de A Coruña para penetrar en los recuerdos de las personas que asistieron a un hecho atroz que marcó sus vidas, en El último día de Terranova recurre a la memoria personal de Vicenzo para reconstruir una historia de expolio y atropello que también tiene a los libros como protagonistas. Hay una parte de esta nueva historia que nace de aquella otra y que tiene mucho que ver con la idea manifestada por el escritor de que sus libros nunca se acaban ya que las historias siempre permanecen. En sus obras continuamente quedan hilos colgando que el autor ensarta para urdir nuevos relatos.

Rivas comenta que llevaba tiempo merodeando por los rincones de su memoria en esa zona que según él se parece a una cámara oscura, estenopeica. Que podría ser la misma cámara en la que Vicenzo está refugiado durante su infancia para tratar una enfermedad que le permite ver el mundo con una mirada diferente desde ángulos inverosímiles que te permiten intuir más certeramente la realidad. Una realidad que se intentó silenciar y que el autor recupera para dejar constancia de un tiempo que es necesario no olvidar.

La historia también se encuentra en la literatura, una literatura concebida como forma de resistencia, de inter- vención contra la realidad. Y como los libros arden mal y ninguna tiranía ha conseguido eliminarlos aprovechemos el conocimiento que nos proporcionan para dignificar nuestra mirada sobre el mundo y para lograr que la palabra se convierta en el instrumento de diálogo de nuestra época.

Captura de pantalla 2016-05-11 a las 10.50.20El último día de Terranova (Edición español)

Manuel Rivas – Ed. Alfaguara

280 págs

18,90€

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