Juan Gómez-Jurado

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JUAN GÓMEZ-JURADO

Donde las buenas historias mandan

El superventas internacional Juan Gómez-Jurado vuelve a las librerías con Cicatriz (Ediciones B). Ya lo conocemos bastante bien –cómo no: tendríamos que vivir en otro planeta–, pero queremos conocerlo un poco más, que nos hable de muchas cosas… También de su nueva novela, por supuesto, quizá la mejor de su carrera. Hasta ahora.

texto DAVID ZURDO foto ASÍS G. AYERBE

¿Háblenos de sus inicios? ¿Cuándo empezó a escribir?

Empecé muy niño, aunque nada que mereciese la pena. He estado escribiendo toda mi vida, incluso escribí varias novelas antes de conseguir publicar la primera, que fue Espía de Dios. No eran buenas, claro. Solo experimentos que no salieron bien.

¿Su primer libro publicado? ¿Ha cambiado mucho desde entonces?

Claro que he cambiado mucho. Diez años para un escritor es mucho tiempo. Mi mayor batalla consiste en ser capaz de evolucionar e incorporar a mi escritura las herramientas y experiencias que me ha dado la madurez sin perder la ilusión, la originalidad y la frescura que te da no tener responsabilidad alguna mientras emborronas la página.

Ha defendido la venta del libro electrónico más barato, y usted mismo lo ha puesto en práctica. ¿Cuál es su experiencia?

Muy positiva. He comprobado lo que ya intuía, que cuando a la gente le das la oportunidad de hacer las cosas bien, inevitablemente las hace. Siempre hay un pequeño porcentaje de gente que elige hacerlas mal, pero es insignificante. La gente que de verdad importa, los que aman los libros de verdad, eligen apoyarte.

¿Los editores engañan a los autores?

Dicen que pasa. Yo he tenido mucha suerte y siempre he tenido grandes profesionales a mi lado, de los que solo puedo decir cosas buenas.

¿Qué ha cambiado con la crisis?

Cada vez hay menos oportunidades para los autores nuevos. Dudo mucho que ahora un editor arriesgase con un autor como yo, y quizás ahora mismo esté pasando que muchos reciban negativas que les hagan abandonar para siempre toda esperanza. Yo no solo tuve la suerte de tener varias ofertas para mi primera novela, sino lograr ser profesional en unos pocos meses. Eso hoy en día es imposible, y lógicamente afecta a la calidad de lo que escriben los que empiezan.

¿Qué espera en el futuro?

Que recuperemos un poco la venta de libros y paremos el cierre de las librerías. Para ello considero fundamental la bajada de precios del libro digital. Por contraintuitivo que pueda parecer, nada puede ayudar más al pequeño comercio que el fomento de la lectura.

¿El cine está ahí ya, al acecho?

Por ahí anda, revolviéndose debajo de la mesa. De vez en cuando asoma el hocico y tengo que evitar que me coma las zapatillas de estar por casa.

También es usted periodista. ¿Qué ha sacado de ello?

Grandes amigos. Experiencias. Concreción en la expresión. Fortaleza para aguantar muchos días sin descansar, jornadas maratonianos de curro, orientación a objetivos y una férrea ética profesional. Estoy muy orgulloso de ser periodista de profesión.

¿Por qué escribe? ¿Qué le motiva?

Contar buenas historias. Hacer felices a los demás. Aliviar el sufrimiento cotidiano de algunos lectores, que lo están pasando mal. Que mis padres se sientan orgullosos de mi, en el tiempo que les queda. Que cuando mis hijos crezcan lean las cosas que ha escrito su padre (ahora estoy trabajando en algo para ellos que saldrá el año que viene). Sobre todo, poder dedicarme a esto. Las emociones en la cara de la gente cuando vienen a la Feria del Libro… eso no tiene precio, y compensa todos los sacrificios.

Al terminar de leer su novela, lo primero que surge en la mente es “ritmo”. Es usted un maestro del ritmo. ¿Cómo lo consigue?Captura de pantalla 2016-05-17 a las 10.52.48

No creo ser maestro de nada, pero desde luego el ritmo una de mis prioridades a la hora de escribir. Hago las novelas que a mí me gustaría leer. Intento tener muy en mente lo que sentirá el lector que entre en mi historia, darle lo que busca. Y la mayoría de los lectores quieren engancharse a una trama, devorar las páginas, pasarse de parada en el metro. La única manera de conseguir este efecto es leyendo mucho, aprendiendo mucho de los escritores que admiras, y trabajando mucho. De hecho a Cicatriz le he quitado 200 páginas desde las 770 que tenía inicialmente.

Lo segundo que uno piensa es, “es una novela muy americana”. Esto para algunos será una virtud, para otros un defecto. El caso es que funciona. ¿Qué puede decir al respecto?

Es algo que hago de forma natural, seguramente como producto de los libros que he leído, las películas que me gustan y, en general, todas las referencias culturales que me han formado como escritor. La realidad que me rodea me resulta, por decirlo de algún modo, demasiado cercana. Y a menudo muy poco evocadora. Un ejemplo exageradísimo: no criticamos a Shakespeare por lo de ambientar Romeo y Julieta en Verona, ¿a que no? Y seguro que la podía haber situado en Lancashire. Pero le apetecía ahí. La historia se lo pedía ahí. La historia es lo primero.

¿Ediciones B es una nueva etapa para usted? ¿O sólo un cambio de editorial?

Creo que cada libro necesita un trabajo editorial distinto, y en este caso es Ediciones B quien me ha ofrecido el proyecto y la flexibilidad que más se adaptaban a lo que yo buscaba para Cicatriz, muy especialmente en materia de libro electrónico. Estoy muy contento con el trabajo que estamos haciendo con este libro.

Como autor superventas, nos interesa saber cómo crea, cómo escribe… Sea generoso y comparta algo con nosotros.

Las mejores ideas me vienen cuando estoy más relajado, como a casi todo el mundo. En la cama antes de dormir, en la ducha… Creo que no soy el único novelista que duerme con una libreta en la mesilla de noche. Luego, a la hora de construir las historias, soy muy meticuloso, necesito una especie de mapa para ubicarme. Y lo que me pierde es el perfeccionismo: si por mí fuera nunca daría el libro por terminado, lo reescribiría y repasaría una y otra vez.

En su novela aparece LISA, que no es una mujer. Háblenos de “él”.

No quiero dar muchos detalles porque es una novela llena de sorpresas y desde el principio vimos claro con la editorial que era mejor no desvelar apenas nada del argumento. Diré solamente que es un algoritmo asombroso que desarrolla el protagonista masculino del libro, Simon. Algo asombroso que da un giro de ciento ochenta grados a su vida y le puede convertir en multimillonario.

¿Cree que llegará a existir una intuición artificial?

No, radicalmente no

¿La edad hace cínico?

Soy una persona muy irónica, pero también muy positiva. No, yo creo que no, al menos en mi caso.

Hace varias referencias a Star Trek. ¿Por qué precisamente a Star Trek? ¿Es usted un trekkie?

No, no me gusta demasiado. Yo soy más bien de Star Wars. Pero le gusta a Simon, qué le vamos a hacer. Los personajes a veces hacen lo que les da la gana.

¿Cuáles son sus modelos literarios?

Tengo muchos autores favoritos. Stephen King, Tolkien, Rothfuss, Tolkien, Pérez-Reverte, Alejandro Dumas, Cormac McCarthy… Aunque no tengan nada que ver con lo que yo hago.

En esta novela narra en presente. Es algo que está de moda. ¿Por qué lo usa usted y por qué cree que está de moda?

No sabía que estuviese de moda, y de hecho me extraña bastante, porque es una voz extraordinariamente difícil de escribir, por eso hay tan pocos libros que la empleen. Nunca hago mucho caso de las tendencias. No sabría. Ya he dicho que intento escribir los libros que me gustaría leer. En este caso la historia pedía claramente dos tiempos y dos voces narrativas distintas, y era muy importante que una de ellas fuera en presente, por razones que no puedo contar.

¿Por qué escribe? ¿Qué le impulsó? ¿Qué le mueve?

He querido escribir –y de hecho llevo escribiendo– desde que era niño. Me impulsan el amor por los libros y el deseo de que otros lean mis historias. (Guiña un ojo.) Y también las mansiones, los helicópteros y el tener mi propia isla repleta de dinosaurios genéticamente modificados. Esta última parte está tardando mucho, la verdad. Sigo viviendo de alquiler.

¿Hasta qué punto somos dueños de nuestros actos?

Es una pregunta muy complicada. Digamos que, como les sucede a los personajes de mi novela, todos llevamos dentro cosas que a primera vista no son evidentes, ni siquiera para nosotros mismos. En las circunstancias adecuadas, si nos sucede algo lo suficientemente fuerte, todos podemos ser capaces de actos heroicos o terribles.

Háblenos de un tema muy presente en Cicatriz, el del negocio de matrimonios con mujeres de países del Este de Europa.

Este tema me ha servido como pretexto para hablar sobre las relaciones a través de internet, que a su vez es otro pretexto para abordar el desconocimiento en el amor. En el fondo, Cicatriz es la historia de un amor no correspondido, la historia de un amor lleno de sorpresas que no siempre resultan agradables, con un montón de secretos y mentiras.

¿Somos capaces de hacer todo por amor? ¿Y por ambición?

Es posible que sean dos de los motores más poderosos para el ser humano, porque son dos emociones con una enorme capacidad de hacernos perder de vista la realidad.

¿De verdad queremos vivir en la mentira?

La mentira es imprescindible para la supervivencia del ser humano. La realidad es demasiado para nosotros, por eso inventamos colchones neurológicos que sirven para paliar el daño que supone a la lógica algo tan absurdo como que el mundo siga existiendo después de nuestra propia e inevitable muerte.

No sé si le agradan las etiquetas, pero si tuviera que poner una a Cicatriz, ¿cuál sería?

Una historia compleja de amor y mentiras.

El final no defraudará a nadie. Pero no queremos contar nada que no se pueda contar. ¿Nos cuenta algo usted sin desvelar lo que no debe desvelarse?

Puedo decir que el final de la novela fue una de las primeras escenas que tuve totalmente clara. La historia de Simon e Irina solo tiene un final posible, y el lector va a tener que pasar muchas páginas llenas de emoción para llegar a él.

Captura de pantalla 2016-05-17 a las 10.55.01Cicatriz

Juan Gómez-Jurado – Ed. Ediciones B

512 págs

19,50 €

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