Carla Montero

PRINCIPAL Carla Montero

Carla Montero

Entre el amor y la guerra

Es una de las grandes apuestas de Plaza & Janés para este año, y después de leer El invierno en tu rostro comprendemos bien por qué: se puede conseguir el éxito sin renunciar a nada. En esta novela, Carla Montero lo deja bien claro.

David Zurdo

El siglo XX comenzaba con grandes esperanzas, pero se truncaron. Y el centro fue Europa, supuestamente civilizada. ¿Por qué?

Esa es la gran pregunta. Después de años investigando la primera mitad del siglo XX como marco para mis novelas, he llegado a la conclusión de que nadie ha conseguido dar una respuesta a la pregunta de cómo fue posible que se produjeran dos de los conflictos más duros, bárbaros y mortales de la historia, cómo fue posible que se diera la espalda a tantos años de evolución del pensamiento ético y moral y el ser humano llegase a convertirse en depredador de su propia especie. Y mientras no encontremos la respuesta, seguirá generándose numerosa literatura en torno tanto a la Primera como a la Segunda Guerra Mundial y también a la Guerra Civil Española.

¿El marco histórico de El invierno en tu rostro le permite forzar el drama de sus personajes?

No ha sido necesario forzar. Me he limitado a trasladar a la ficción los muchos testimonios, biografías y experiencias vitales de personas reales. Y puedo asegurar que, por muy dramática que resulte en ocasiones la novela, no he forzado el drama al servicio de la trama, más bien al revés: la trama, la ficción, ha estado al servicio de lo que fue la realidad.

La guerra entonces no era tan lejana como la sentimos ahora. ¿Cómo viven sus personajes esa circunstancia?

No les queda más remedio que adaptarse a ello. Se ven forzados a vivir en ese entorno tan dramático, a velar permanentemente por su propia supervivencia y la de los suyos y eso va a condicionar sus decisiones, sus prioridades, su escala de valores, sus relaciones interpersonales y hasta los detalles más insignificantes de su día a día. Y, en este panorama, se producen multitud de reacciones: desde los oportunistas hasta aquellos que se adhieren a una causa en la que creen y luchan por ella hasta el final o los que se limitan simplemente a sobrevivir. Lo que sin duda me ha sorprendido es la capacidad de adaptación y resistencia que tiene el ser humano. Como decía mi abuela: “Que Dios no me envíe todo lo que el cuerpo aguante”.

Su familia, en la realidad, vivió la guerra desde varios ángulos. ¿Le ha impulsado eso a escribir esta novela?

Sí, por supuesto. Mi abuelo fue soldado del bando nacional en la Guerra Civil y voluntario de la División Azul en la Segunda Guerra Mundial. Su hermano, en cambio, luchó con las milicias comunistas y, tras exiliarse a Francia, se unió a la resistencia contra el nacismo y fue recluido en el campo de concentración de Mauthausen. Para mí, ambos, aún en sus posiciones ideológicas tan opuestas, siempre fueron buenas personas y su trayectoria vital es la de dos hombres comprometidos con unas ideas y unos valores que para ellos representaron el bien. Me pareció muy interesante abordar la novela desde esta premisa: no demonizar ni santificar a priori ningún bando en su conjunto, sino analizar, caso por caso, las motivaciones de cada uno de los protagonistas para acabar llegando a la conclusión de que no es la ideología la que les define, son sus actos.

¿Qué supuso la Guerra Civil para España? ¿Y lo que vino después, dentro y fuera?

Ambas preguntas requerirían toda una tesis como respuesta; es imposible contestarlas en unas pocas líneas sin pecar de simplista. En todo caso, yo no soy historiadora, sólo novelista. Pero si el lector desea saber cuáles han sido mis conclusiones después de meses de investigación y cómo ambos conflictos impactaron en la vida de mis personajes (que no son otra cosa que el reflejo de los que vivieron aquella época), debería leerse El invierno en tu rostro.

Carla Montero 2Cuando crea un personaje, ¿este cobra vida propia?

Sí, sin duda. Aunque se parte de una definición inicial de los personajes con sus características propias y sus recorridos vitales particulares, cuando la trama arranca y cada uno de ellos se pone a interactuar con el resto de los personajes y el entorno, empiezan a evolucionar y a desarrollarse, adquieren mayor complejidad y se distancian de ese marco inicial en el que se les había gestado. A eso nos referimos los autores cuando decimos que los personajes tienen vida propia.

¿Quién es Guillén?

Guillén es el clásico ejemplo de superación. Un niño de baja extracción social, cuya infancia no ha sido fácil, pero que sabe aprovechar las oportunidades que le brinda el destino para progresar, siendo su mayor grandeza que nunca olvida de dónde viene; eso va a conformar sus ideales y el objetivo de su lucha durante toda su vida.

¿Y Lena?

Lena representa las buenas intenciones, la generosidad y la entrega incondicional, el amor y la ayuda al prójimo. También representa a muchas mujeres de la época que, sin haber pasado a los anales de la historia por sus grandes logros y heroicidades, se las puede considerar heroínas silenciosas pues se salieron de la norma, de lo que se esperaba de ellas, y asumieron papeles reservados normalmente a los hombres aun a costa de poner en peligro su reputación y hasta su vida.

Aunque el marco histórico no sea lo más importante, ¿hasta qué punto ha sido meticulosa con la documentación?

Es cierto que no se trata de una novela histórica, pero eso no quiere decir que el marco histórico no sea lo más importante. De hecho tiene la misma importancia que otros ingredientes. Como escenario en el que se desarrolla la trama y además la condiciona he querido que sea riguroso y extremadamente detallado para que el lector haga un viaje en el tiempo que le permita identificarse con la historia y los personajes; vivir cada una de las escenas, sentirlas a flor de piel. Eso sólo se consigue cuidando hasta el más insignificante de los detalles: desde el nombre real de un café en el gueto judío de Varsovia, hasta una marca de cigarrillos o la descripción de los procedimientos sanitarios de la Wehrmacht, entre otras muchas cosas. La labor de documentación ha sido exhaustiva y en profundidad porque a veces es más difícil encontrar esos datos de la vida cotidiana que definir un marco histórico global. A eso hay que añadir la multitud de escenarios en los que se desarrolla la acción: Oviedo, Barcelona, Lyon, Leningrado, Varsovia, Tánger… Cada uno de ellos ha exigido una investigación independiente.

Últimamente muchos libros citan o recurren a Saint-Exupéry. ¿Cree que el autor de El principito está de moda otra vez?

No creo que haya dejado de estarlo nunca. Tanto Saint-Exupéry como su obra más conocida, El principito, no sólo son referentes de la literatura universal sino también de la cultura popular. En cualquier caso, su intervención en El invierno en tu rostro responde a un hecho puramente casual: necesitaba alguien que trasladase a Guillén desde Lyon a Barcelona al poco de estallar la Guerra Civil y me encontré con que Saint-Exupéry había realizado ese viaje para cubrir el conflicto como corresponsal de una revista francesa. ¿Qué mejor piloto que él?

Usted es licenciada en derecho y diplomada en administración de empresas… Suena algo prosaico. ¿Por eso escribe ficción?

Yo pertenezco a una generación de jóvenes que en muchas ocasiones estudiaba una carrera no porque le gustase, sino porque tenía más salidas laborales. Al menos, ese fue mi caso. No se me ocurre nada más prosaico, desde luego. Pero, ¿escribo ficción por eso?… No estoy segura. Empecé a escribir mucho antes de saber si quiera qué iba a estudiar. Lo hago por puro entretenimiento y satisfacción personal. Creo que escribir otra cosa me aburriría.

El principio de su novela contrasta con los horrores que vendrán. ¿De algún modo, esa vida sencilla en Asturias es un “paraíso perdido”?

Sí, sí lo es. Y si en la novela asistimos a la pérdida de la inocencia de los personajes, brutal y despiadada a causa de las circunstancias, el recuerdo de ese paraíso, de esa infancia feliz y sin preocupaciones en la que los días transcurrían entre pastos verdes, montañas nevadas y cielos azules, es una tabla de salvación: no importa cuántas veces caigan, son capaces de volver a levantarse y avanzar penosamente en mitad de la tempestad con la esperanza, quizá ingenua pero necesaria para seguir adelante, de que algún día regresaran a ese paraíso, que, en realidad, no quieren dar por perdido.

La diferencia de bandos no puede con el amor. ¿O sí?

Prefiero no contestar a esta pregunta porque corro el riesgo de hacer spoilers. Sólo diré, de modo general y sin referirme a la novela en concreto, que habría que analizar caso por caso. Todo depende de la escala de valores de cada uno: para unos será más importante el amor y para otros el bando.

¿Cree más en la suerte, en el azar, en el destino?

Creo que la vida es una combinación de varios factores: suerte, azar, destino… y la capacidad de cada uno de labrarse su propia suerte, minimizar el azar y burlar al destino.

¿Ponerse como autora en la perspectiva de ambos bandos es un modo de anularlos?

PRINCIPAL Carla MonteroPara mí ha sido más bien un ejercicio de empatía y entendimiento. Es inevitable que haya bandos y distintas formas de pensamiento, es reflejo de la diversidad humana y positivo en la medida en que nos enriquece como especie. Para mí el peligro es el fanatismo, la ceguera intelectual, la incapacidad de ponerse en el lugar del otro, la falta de respeto. Ponerme en el lugar de ambos bandos me ha llevado a huir de ello, a no caer en maniqueísmos. Pero los bandos están ahí y no pueden anularse; otra cosa, es ofrecer la perspectiva individual de cada una de las personas que componen esos bandos.

¿Hay buenos y malos o priman las circunstancias?

Claro que hay buenos y hay malos. Y eso se ve claramente en los personajes de la novela porque asistimos a su desarrollo desde niños. Por ejemplo, Fermín Pajares era ya perverso desde crío y lo seguía siendo de adulto y lo hubiera sido independientemente de su ideología o de su bando. Al revés ocurre con otros personajes cuya vocación es hacer el bien estén donde estén, vengan de donde vengan. Eso no quita para que las circunstancias en ocasiones actúen como correctivos, tanto para bien como para mal. Pero yo no diría que priman.

¿A veces hay que luchar?

Siempre que sea necesario hay que luchar. Y es necesario cuando nuestros afectos y nuestros valores se ven amenazados. Pero hay muchas formas de luchar y el enfrentamiento armado debería de ser la última. Ojalá ni siquiera fuera una opción… Ya lo decía uno de los personajes de mi novela Una dama en juego: “La guerra es el precio más alto que el pueblo paga por el honor de sus gobernantes”. Yo añadiría de sus líderes en general.

Decía un historiador francés de la época nazi que, en la guerra, se quiebra la máscara del hombre civilizado. ¿Está de acuerdo? ¿O en los peores momentos aflora también lo mejor del ser humano?

Estoy de acuerdo y, además, añadiría que, efectivamente, en la guerra también sale a relucir lo mejor del ser humano. Una cosa no excluye a la otra. En momentos tan dramáticos son propicios los extremos.

Disparar y curar heridas… ¿Ha jugado adrede con esta contraposición entre los protagonistas de la novela?

La verdad es que no. Simplemente es que ambas cosas se hacen en la guerra y, por norma general, los hombres disparaban y las mujeres curaban; eran los papeles que se les había asignado. Y, con todo, no hay una asignación marcada de papeles en mi novela: cada uno de los personajes, a su manera, lucha o sana las heridas del prójimo según el momento.

Son ochocientas páginas que no lo parecen, quizá porque su estilo es ágil y la narración “salta” entre historias paralelas. ¿Cómo escribe, en el sentido más técnico?

Trabajo con muchísimos esquemas que me permiten ensayar diferentes escenarios y diferentes ritmos hasta que doy con el que creo que es más ágil. Como lectora me gustan los cambios de escena frecuentes porque creo que agilizan la narración, de modo que procuro utilizar este recurso cuando escribo. Ya sea a través de varias voces narrativas, varias líneas temporales o varios espacios el objetivo es que las escenas no se alarguen demasiado y que los cortes mantengan el suspense y el interés del lector por avanzar en la trama.

¿Qué ha cambiado en usted al sumergirse en momentos tan duros de la historia de la humanidad?

He aprendido a valorar lo que tengo, a considerarme afortunada por la época que me ha tocado vivir. El ser humano tiene el vicio de quejarse y hoy enseguida nos quejamos de lo mal que están las cosas, de lo difícil que lo tenemos, de las crisis que padecemos, de los males del primer mundo… Los que habitamos ese primer mundo deberíamos echar con más frecuencia la vista atrás para darnos cuenta de que hace no tanto tiempo nuestros abuelos lo tuvieron mucho más difícil que nosotros: tuvieron que luchar por su supervivencia y la de los suyos.

Eso sí, no conviene descuidarse ni confiarse. También he aprendido que las cosas se pueden torcer de la noche a la mañana y, como decía en la primera pregunta: una generación con grandes esperanzas (muy parecida a la nuestra) se vio sumergida en una de las épocas más oscuras de la historia de la humanidad. La estabilidad y el bienestar son tremendamente frágiles. No sólo las amenazan los grandes cataclismos, también las actitudes más estúpidas.

¿Qué puede contarnos de otros personajes, incluyendo los históricos?

Hay muchísimos personajes secundarios que van dando apoyo a los principales y que, en ocasiones, cobran tanta fuerza o relevancia como ellos. Es imposible analizarlos a todos en detalle pero puestos a destacar algunos, no sólo porque desempeñan un papel importante en la trama sino también por su singularidad, porque se salen de lo que se espera de ellos, me quedo con Jaime Aranzadi y Kurt Ardstein, entre los ficticios, y Wilhelm Canaris (el jefe de la Abwehr, los servicios secretos alemanes) o los diplomáticos españoles que ayudaron a salvar judíos del holocausto, entre los reales.

¿Cuál es el sentido final de la novela, su mensaje global?

Además de entretenerse con la lectura, cada lector debería extraer su propio mensaje, sus propias conclusiones. En todo caso, puedo hablar del mensaje que yo misma he extraído después de haberla escrito: no es el color de sus ideas lo que define a las personas, sino sus actos.

¿El amor siempre puede imponerse? ¿Y la felicidad es una pretensión realista?

No, desgraciadamente el amor no siempre puede imponerse. La vida está llena de ejemplos al respecto. Desde el momento en que la felicidad es un estado de ánimo sí es una pretensión realista. Depende de cada uno. He conocido gente que en mitad de la tragedia es capaz de encontrar un momento de felicidad y gente a la que aparentemente la vida sonríe y vive en un estado permanente de tristeza y depresión.

En los últimos tiempos, el cine se está reactivando en su relación con la literatura. ¿Hay algún proyecto en marcha para convertir El invierno en tu rostro en película?

No. Pero si hay algún productor interesado que sepa que cuenta con mi más absoluto beneplácito. Y lo que es más importante: mi más absoluta disposición a dejarle hacer lo que le parezca con la historia. Creo que el lenguaje del cine y el de la literatura son completamente distintos. El hecho de que alguien quisiera mi historia para llevarla al cine me halagaría enormemente pero nunca se me ocurriría decirle cómo tiene que hacer su trabajo. Yo ya he hecho el mío escribiendo la novela.

Hay escritores que, al terminar una novela, se olvidan de ella con rapidez; otros “viven” en ella durante mucho tiempo. ¿Cuál es su caso?

Una vez que termino la promoción, que es otra forma diferente de vivir con la historia, contándosela a los demás, suelo olvidarme con bastante rapidez de ella. Creo que tiene que ser así: ¿qué sentido tendría seguir dándole vueltas si ya no puedo hacer nada más con ella?

¿Y ahora…?

A seguir con lo que más me gusta hacer: vivir y escribir. 

LibroEl invierno en tu rostro

Carla Montero – Ed. Plaza & Janés

800 págs

21,90 €

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