Andrés Aberasturi

Aberasturi foto Laia Giol

Andrés Aberasturi

Testimonio descarnado

Cris padece parálisis cerebral. Llegó a la vida de Andrés Aberasturi sin avisar. No ha sido fácil. Cómo explicarte el mundo, Cris (La Esfera de los Libros) contiene la explicación del mundo –o la falta de ella– de Andrés Aberasturi a sí mismo.

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texto DAVID ZURDO foto LAIA GIOL

Usted define su libro como “un testimonio de la vida con mi hijo”. No se trata de un texto ordenado. ¿Cómo surge?

Es un libro completamente desordenado porque no pensaba hacer un libro. Empecé a escribir en un momento determinado, pasaba el verano, volvía el invierno, lo dejaba, lo retomaba… Como instantáneas de recuerdos, de presencias, de pasados. Hay frases que ni siquiera terminan, y que la editorial ha respetado, para trasladar al lector la imagen de que, de pronto, no tengo nada que decir, me quedo sin palabras. Lo dejo, luego sigo, me contradigo… No he querido corregirlo. He preferido dejarlo así.

Cristóbal, Cris, es el personaje central, el que hace que el libro exista. ¿Cómo explicarle el mundo? ¿Cómo explicar el mundo?

Aberasturi foto Laia GiolCris nació con parálisis cerebral. Es el segundo de mis dos hijos. Es una injusticia que personas como Cris vengan al mundo así. El problema es que el mundo no se explica, porque por más que reflexionas al final te das cuenta de que no puedes explicarlo. Más que el mundo, la vida; cómo entenderla, cómo explicarme las cosas a mí mismo… Una de las cuestiones que me parecen más terribles es la incomunicación, la imposibilidad de comunicación con Cris. Me parecía una pirueta tratar de dirigirme a él sabiendo que nunca me va a leer y nunca me va a entender. Creo que estoy intentando explicarme el mundo a mí mismo, preguntándome cómo se puede vivir en este mundo con tantas cosas terribles y tú estar tan tranquilo. No hay respuestas. Es ese desasosiego, ese desencanto, lo que de alguna forma reflejo en el libro. Creo que es un libro desolado, pero no desolador. Hay una realidad objetiva que yo no puedo cambiar, y no pretendo que la gente esté de acuerdo conmigo. Cada uno interpreta la vida y el mundo de una forma. ¿Cómo se explica el mundo? No lo sé. ¿Cómo puedo contar todo lo que hay, toda esta infamia, todo este desorden, toda esta injusticia…? Es muy difícil. Cris es, en cierto modo, mi razón, mi coartada para tratar de explicarme el mundo a mí mismo y a quien se plantee preguntas sobre la realidad, una realidad que no es hermosa, que no es buena, es injusta, es inmoral… Lo que le pasa a Cris es inmerecido, y, con todo, es a la vez afortunado porque tiene cuidados, una familia… En el mundo hay cada año millones de niños que mueren por desnutrición, enfermedades, falta de vacunas… Me parece tan grotesco y tan brutal que no se pare la ONU y el Consejo de Seguridad, que no se pare el G-7, el G-8 o la Unión Europea cada vez que se muere un niño de hambre… Me parece terrorífico, pero no les preocupa.

Los pájaros siempre siguen cantando.

Siempre, siempre siguen cantando. Juan Ramón Jiménez tenía mucha razón.

La realidad de Cris no ha sido elegida ni deseada, pero ¿qué es lo mejor que le ha dado su hijo?

Querría que me hubiera dado muchos disgustos, que llegara a las siete de la mañana cuando tenía que llegar a la una… No sé lo que me ha dado ni me lo quiero plantear. No quiero pensar en nada positivo que me haya dado a cambio de su sufrimiento, a cambio de su falta de libertad, a cambio de su incapacidad de elección, a cambio de su incomunicación… ¿Cómo puedo aceptar eso? Me parece terrible el planteármelo siquiera. No sé lo que he obtenido o aprendido, pero lo que sea, no me interesa. Renuncio a todo lo que haya podido enseñarme esta experiencia. No puedo aceptar nada positivo frente a su sufrimiento, frente a su dolor. Supongo que te hace ver la vida de otra manera, que sería muy distinto de no haber existido Cris. Él me ha hecho preguntarme muchas cosas, pero no puedo buscar compensaciones. Creo que tendemos siempre a buscar compensaciones, y quizá por eso el libro es descarnado, porque no intento equilibrar la balanza entre el sufrimiento y la alegría. Las cosas son como son. No quiero buscarle ningún lado positivo. Lo que yo haya podido aprender ha sido a cambio de que Cris sufriera, y no me parece justo. Tampoco quiero vivirlo como una tragedia, sino como una realidad que es y que asumo. Pero no estoy conforme con esa realidad.

Pero algo le impulsa a seguir adelante, ¿no?

Darle a Cris una vida moderadamente digna, porque digna no es. Aunque no puedo compartir con él la mayoría de las cosas porque no hay un proceso intelectual, y eso establece una frontera infranqueable. Nunca sabes lo que hay detrás de su mirada, de su risa, de su enfado. Es una impotencia frente a la incomunicación, la incomunicación de los inocentes. Él no ha pedido nacer, ni ha pedido nacer con parálisis cerebral.

Es la pureza misma. ¿Por qué tiene que haber personas así?… Si Dios existe y permite un mundo como este, me parece de una crueldad brutal.

A menudo, en el libro, usted implora una sola palabra de Cris.

No me planteo milagros. Eso es sólo un recurso, una idea… De repente oír “mamá”, si luego no volviera a decir nada, sería inútil, doloroso… Es un ejemplo de la incomunicación, de haberle oído decir algo. Es una especie de imploración que hago en el libro y que sería precioso que ocurriera alguna vez, nada más.

También habla del “silencio de Dios”. Balzac decía que a Dios no hay que darle las gracias, sino pedirle cuentas. ¿Qué cuentas le pediría a Dios?

Alguna vez dije que yo quería derecho a réplica en el Juicio Final. Yo a Dios le plantearía “¿y esto a qué viene?”. El problema es que no hay una respuesta. El Dios de nuestra cultura no tiene explicación para el sufrimiento. Me gustaría ser creyente, y respeto muchísimo a las personas que lo son, porque creer es una ayuda para ellas, pero me rebelo contra eso. Dios no puede consentirlo, y si lo consiente no puede ser Dios.

En un momento del libro dice que vivir es una tarea incoherente, que el mundo se resume en infamia, pero que también se puede vivir hermosamente sin engañarse.

El mundo no es hermoso, pero se puede vivir hermosamente. Se puede ser feliz por minutos, en situaciones concretas, pero objetivamente es muy difícil entender el mundo, abrir la nevera llena de cosas y no sentir vergüenza… El mundo no es justo, pero se puede intentar hacer algo, aportar algo para hacerlo un poco menos doloroso. No se puede estar amargado permanentemente, pero tampoco ser insensible a todo lo que hay alrededor. 

FOTO PARA LA PARTE DEL TEXTO DEL LIBROComo explicarte el mundo, Cris

Andrés Aberasturi – Ed. La Esfera de los Libros

200 pags

16,90 €

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