Antonio Pérez Henares “Chani”

PRINCIPAL A

MÁS QUE TÚ NO SERÉ, PERO MENOS QUE TÚ TAMPOCO

El popular escritor y periodista –que de ambas labores hace gala– Antonio Pérez Henares “Chani” acaba de publicar El Rey pequeño (Ediciones B), una novela sobre Alfonso VIII y la Reconquista que, al cierre de esta edición, ya lleva seis reimpresiones, nada menos. Por algo será…

DAVID ZURDO

¿Quién fue el Rey Pequeño? ¿Quién le puso ese apelativo? ¿Y el de Rey Niño?

El rey castellano Alfonso VIII, a la postre el vencedor de Las Navas de Tolosa, que heredó la corona de Castilla con tan solo 3 años, huérfano de padre y madre. Le llamaban así los musulmanes, en su época los terribles almohade, y Rey Niño le llamaron los castellanos, en especial las gentes de Atienza, gran villa y fortaleza fronteriza que lo protegió de su tío el rey leonés Fernando y de la familia Castro que querían su custodia para mandar en su reino. Su abuelo el gran Alfonso VII el Emperador había dividido de nuevo el reino entre Castilla, para Sancho, que murió muy joven, y para Fernando, al que dejo León. La custodia del rey suponía en la práctica ser quien gobernara Castilla y ello dio lugar a las guerras entre las dos grandes familias, Castros, apoyados por el rey de León, y los Lara.

¿Cómo logró sortear las intrigas que pretendían controlarlo? ¿Quiénes le ayudaron?

Finalmente la custodia del Rey Niño quedó en manos de la poderosa familia Lara, rival de los Castro. Su ayo el inteligente, y desde luego interesado, Nuño Pérez de Lara fue lo más cercano a un padre que tuvo y él le profesó gran afecto. Sintió mucho su pérdida cuando murió en combate defendiendo la tienda de su rey y ahijado en la toma de Cuenca. Ya a los 13 años Alfonso había dado prueba de carácter y cuajo liberando a don Nuño preso de los Castro en Zorita de los Canes (Guadalajara). Cumplida la mayoría de edad, cuando pasó de los 14, fue coronado y asumió el poder real. Se casó a los 15 con Leonor de Plantagenet, hermana de Ricardo Corazón de León y encontró en ella su mayor apoyo. Pero sus grandes valedores fueron las gentes del común, y sus mesnadas concejiles de las villas y la frontera, a quienes concedió fueros y dio derechos y tierras. Esos fueron sus más leales súbditos.

¿Qué lugares y batallas marcaron la vida de Alfonso VIII?

La que perdió en Alarcos, en 1195, donde fue terriblemente derrotado –atacó imprudente e impetuosamente confiado en todas sus anteriores victorias– por los almohades y Castilla corrió un gravísimo peligro pues a los musulmanes se unieron tras ella y contra él sus primos los reyes cristianos de León y de Navarra que le acosaron. La revancha, para la que se preparó largos años, se la tomó en Las Navas en 1212 venciendo al más poderoso imperio integrista que ha conocido la tierra.

Centrémonos en la batalla de las Navas de Tolosa. ¿Cuál fue su importancia en la Reconquista?

Cambio definitivamente el signo de la lucha entre cristianos y musulmanes. Pero no fue en esta ocasión una batalla contra Al-Andalus, sino contra un imperio tenebroso y terrible que ya había tomado y sometido a la España musulmana y amenazaba no solo a la España cristiana sino a la misma Europa. Aunque vinieron a ella cruzados francos acabaron desertando antes del combate. Alfonso entonces sí contó con el apoyo de su siempre fiel Pedro II de Aragón, de Sancho VII el Fuerte de Navarra y caballeros enviados por el rey Alfonso II de Portugal y leoneses súbditos de Alfonso IX.

¿Qué puede contarnos de la esposa de Alfonso, Leonor de Plantagenet?

Era hija de Leonor de Aquitania, reina primero de Francia y luego de Inglaterra. Madre del famoso Ricardo y del maldecido Juan sin Tierra. Llegó a Castilla para casarse con tan solo diez años. Estuvo siempre al lado de Alfonso. Lo de la “judía de Toledo” es una romántica patraña. Le dio, que sobrevivieran al parto, diez hijos, pero el infante Fernando murió de fiebres cuando ya combatía junto a su padre un año antes de las Navas y Enrique I, de niño del golpe de una teja en la cabeza cuando jugaba. Fue su hija Berenguela su sucesora y el hijo de está Fernando III el santo quien culminara su obra. Leonor murió a los pocos meses de hacerlo Alfonso y ambos reposan junto a muchos de sus hijos en el monasterio burgalés de Las Huelgas que ella misma había fundado. Ciudades como Cuenca, Atienza y otras muchas le deben mucho, pues fue gran protectora e impulsora de las artes y de sus grandes monumentos.

¿Cómo era la relación entre los reyes que gobernaban los distintos reinos cristianos?

Eran todos familia. O sea, que se llevaban mal. Los cinco que reinaban cuando Las navas, eran primos entre sí. Las relaciones fueron muy tensas, ya se sabe que las lindes, y más si son de reinos, y el poder enfrentan mucho. Fueron particularmente enconadas con su tío y luego su primo leoneses y con el navarro. Su gran aliado siempre fue el rey aragonés, tanto el padre, que llevaba su mismo nombre, como el hijo, el gran caballero Pedro II. Mucho tuvo que ver doña Sancha, castellana y tía de Alfonso VIII.

¿Cómo eran los musulmanes de la época?

Hay que deslindar entre los andalusíes, hispano musulmanes, y los terribles almohades, de un integrismo feroz que habían desplazado a otro no menos sanguinario, el almorávide, y que imponían a sangre y fuego, empezando por sus propios correligionarios, su doctrina y la yihhad y que había arrasado en Al-Andalus con cualquier residuo de convivencia y tolerancia.

El verdadero protagonista es un amigo de la infancia de Alfonso VIII, arriero, también huérfano. ¿Quién es este personaje?

Pedro, nieto de un “pardo” de Alvar fañez el gran capitán de la frontera del Tajo y primo hermano del Cid e hijo de un “frontero” de Hita. Él, caballero de villa y sierra del Común de la Tierra de Atienza, criado allí por su abuela, una vascona. Huérfano como el rey de padre y madre lo acompaña en su primera huida desde Atienza a Ávila, disfrazados de recueros y que todos los años, este año se ha celebrado el 4 de junio, conmemoran con la Caballada. Se convertirá en su compañero inseparable durante su infancia y luego en su voz y en sus ojos sus entre las gentes de a pie y en las tierras de la frontera.

¿Cómo era la vida en aquel tiempo? ¿Qué empezó a fraguarse entonces? ¿Eran libres los caballeros de Castilla?

Los Fueros constituyeron el avance trascendental. Había comenzado con ellos su abuelo Alfonso VII y el amplio y extendió su obra. La repoblación, entregando tierras y concediendo derechos de herencia sobre ellas a quien no las tenían, así como derechos a las villas de elegir a sus alcaides y jueces y la contribución de ellos al rey con sus mesnadas concejiles y sus caballeros villanos fueron la piedra angular de su reinado. Era una vida muy dura la de la frontera, con una mano en la estiba del arado y otra en la lanza. La caballería mora podía llegar en una noche, arrasar sus cosechas, robar sus ganados, talar sus árboles, violar a sus mujeres y llevárselas cautivarlas junto con sus hijos y matarlos a ellos. Pero allí eran libres, allí tenían fueron y derechos y podían mirar a cualquiera y decirle. “Más que tú no seré, pero menos que tú tampoco” . Y hasta hoy. Porque eso me lo enseño a mí, mi propio abuelo.

¿Su herencia histórica sigue presente hoy de algún modo?

Pues esa es. La epopeya de aquellas gentes sigue impresa como elemento esencial de la dignidad castellana.

¿Prima en su novela el rigor histórico o la ficción dramática?

Intento, con el ayudo de fuentes y mi gran amigo el medievalista Placido Ballesteros que el paisaje histórico, el “escenario” sean lo más veraces posibles para que luego en el los personajes de ficción se muevan y vivan su aventura.

¿Literatura o periodismo? ¿Se complementan?

Son dos brazos del mismo río. El agua es la palabra. Y viene bien algún habito periodístico como la de pisar los lugares de las batallas donde derramaron su sangre, subir a las almenas de sus castillos, sentarse en los atrios de sus iglesias románicas o recorrer las plazas donde sus juglares cantaban sus romances para escribir sobre ello.

¿Y ahora…?

Voy a rejuvenecer. Me marcho la prehistoria, a las primigenias hogueras del hombre en la tierra, a su primera angustia por saber que un día inexorablemente morirían, a los tiempos de la Diosa Madre y al momento de la primera guerra entre humanos, aunque fueran de especies diferentes.

Libro

“El Rey Pequeño”

Ediciones B

672 págs.

21,50 €

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