JOSÉ DE ESPRONCEDA

espronceda

Si oímos “Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela, un velero bergantín…” rememoraremos nuestras épocas escolares, evocando la Canción del pirata que cuenta los avatares del bravo bajel yendo por los mares, del uno al otro confín.

JOSÉ LUIS VALBUENA

Hace 175 años que falleció el autor del poema citado, José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda Delgado, posiblemente el escritor español más representativo de la época del Romanticismo.

Espronceda nació en 1808 en Pajares de la Vega, cerca de Almendralejo. Fue algo accidental. La familia estaba de paso hacia Badajoz porque su padre había sido nombrado teniente coronel del Regimiento Borbón de esa ciudad.

En 1820 Espronceda estudiaba en Madrid, donde recibió una esmerada educación clásica. Allí comenzó a escribir sus poemas, ya con contenidos sobre el placer, la libertad, el amor, el desengaño, la muerte, la patria, la tristeza, la duda y la protesta social. A los quince años creó, con dos de sus amigos, la sociedad secreta Los Numantinos para vengar la muerte de Rafael del Riego, su héroe mítico de la lucha por la libertad.

Actuando desde joven como un liberal exaltado, comprometido en acciones políticas en Francia y España en defensa de la libertad y el humanitarismo, en 1825 fue condenado a exiliarse de Madrid durante cinco años, aunque sólo cumplió tres meses en un monasterio de Guadalajara donde su padre estaba destinado. Se cuenta el gesto romántico que tuvo cuando, con dieciocho años, huyó a Lisboa para unirse a los exiliados liberales: al pagar los derechos de aduana «yo saqué un duro, y me devolvieron dos pesetas, que arrojé al río Tajo, porque no quería entrar en tan gran capital con tan poco dinero».

Espronceda viajó mucho, especialmente a Portugal, Londres y París, fundamentalmente por causas políticas o amorosas. En uno de sus viajes a Portugal conoció a Teresa Mancha y se enamoró de ella.

Tras vivir un tiempo en Inglaterra se estableció finalmente en Francia, como exiliado liberal. Allí participó en las algaradas revolucionarias de 1830 en París, donde residía Teresa, casada en el ínterin, por orden de su padre, con un comerciante. En 1833, después de la amnistía declarada por la muerte de Fernando VII, Espronceda regresa a España junto con otros liberales, pero lo hace tras “raptar” a Teresa –la verdad es que ella dejó a su marido para huir con el poeta–. La pareja tuvo una hija, Blanca, en 1834, y vivió feliz hasta 1838, momento en que Teresa murió.

Dedicado a la política y al periodismo, Espronceda se enroló en la Milicia Nacional –llegó a primer teniente de la Compañía de Cazadores de Madrid– e ingresó en la Guardia Real, pero el secretario de estado Cea Bermúdez se lo quitó de encima por sus inclinaciones liberales, destinándolo a Segovia.

Fundó el periódico progresista El Siglo. Por las continuas censuras recibidas, publicó un número en blanco, lo que encantó a Mariano José de Larra, que le dedicó un artículo. Por su obstinación liberal provocó que el sucesor de Cea Bermúdez lo volviera a desterrar (junto a su amigo Larra), pero esta vez a Badajoz.

En 1836 le nombraron secretario de la legación española en La Haya, y poco después fue elegido diputado progresista en Almería, pero ambos nombramientos fueron anulados. Finalmente consiguió ser parlamentario en las Cortes Generales por el Partido Progresista en 1842, aunque a los dos meses murió de difteria, justo cuando iba a casarse con Bernarda de Beruete.

A pesar de su corta y agitada existencia, su producción literaria fue extensa y variada. De su legado podemos citar la novela histórica Sancho Saldaña o el castellano de Cuéllar, su poema épico inacabado El Pelayo, incluido en sus Poesías, El estudiante de Salamanca, un poema narrativo transgresor de cánones que mezcló el mito de don Juan Tenorio, la tradición popular y escenas lúgubres del Romanticismo, y El diablo mundo, un poema simbólico en fascículos que incluía composiciones breves inspiradas en personajes marginados o excluidos de la sociedad.

Para finalizar, podemos decir de Espronceda que siempre fue un hombre recto y honrado, dispuesto a defender las ideas más generosas.

SIN-PIE-1

POST DESCATACADOS