Nacho Ares

PRINCIPAL foto Jos‚ Alberto G¢mez

TRAS LOS PASOS DE ISIS

Nacho Ares, director del programa SER Historia (cadena SER) y reportero de Cuarto Milenio (Cuatro TV), acaba de publicar una nueva novela, La hija del Sol (Grijalbo), en la que el conocido egiptólogo y divulgador nos lleva a uno de los períodos más apasionantes de la historia de Egipto.

MARTA FARRIOLS

Esta es su primera novela ambientada completamente en el antiguo Egipto.

Es cierto, La tumba Perdida (2012) y El sueño de los faraones (2014), ambas publicadas también por Grijalbo, narraba la historia en dos tiempos. Uno de ellos era la época moderna de los grandes descubrimientos de la arqueología, en el siglo XIX o XX y la otra era en el antiguo Egipto. De esta forma el lector podía ir viajando capítulo a capítulo, atrás y adelante en el tiempo, descubriendo cómo se desarrollaba la historia en dos niveles temporales absolutamente distintos, pero al mismo tiempo interconectados por situaciones, personajes, y lugares. Ahora, en La hija del Sol, me he centrado solamente en la época faraónica. Lógicamente, al tratarse de una novela histórica, como autor me he tomado las licencias propias de la recreación, pero el trasfondo es real y es muy posible que lo que cuento sucediera tal y como lo explico. En definitiva ha sido una nueva experiencia que ha centrado toda mi atención en el mundo antiguo aunque realmente no es del todo así, ya que no he podido resistirme a añadir una suerte de epílogo en el que unos arqueólogos del año 1907 toman parte. Entre ellos Howard Carter, descubridor de la tumba de Tutankhamón, resuelven algunos de los problemas pendientes y plantean nuevas preguntas. La idea de hacer esto me sirvió para conectar La hija del Sol con mi primera novela La tumba perdida, de tal forma que mi último trabajo se convierte en una especie de precuela del primero, en donde Howard Carter es el protagonista. A mí me parece una idea muy acertada porque la historia de la arqueología de estos años de principios del siglo XX es una sucesión de hechos absolutamente fantástica e interconectados entre sí.

Ha elegido la época de Amarna, la herejía de Atón, siguiendo el eco de todo un clásico, Mika Waltari y su Sinuhé.

No he sido el primero en hacerlo. Además del finlandés Waltari, otros grandes autores de novela histórica como Christian Jacq, Pauline Gedge o Phillip Vandemberg han tratado el tema. Sin embargo, creo que soy el primero en abordarlo desde un punto de vista más histórico y arqueológico que mítico. Waltari ofrecía la idea de un Akhenatón absolutamente idealizado, como si fuera un visionario, un profeta, un iluminado, más cercano a las modernas sectas religiosas que a la realidad histórica. Es una opción, desde luego, pero se aleja demasiado de lo que nos dicen las fuentes de este personaje. En ellas vemos una política de mano dura, con un ejército y policía presente en todos los ámbitos de la sociedad, casi una dictadura. Desde que Sigmund Freud se sintió interesado por él ha habido muchas interpretaciones sui géneris. Se ha dicho que era el primer monoteísta de la historia, falso, que Moisés y Akhenatón fueron la misma persona, falso, que fue un rey pacifista, falso… Hay que reescribir la historia de este período.

Toca y ahonda en algunos temas que solamente se han conocido en los últimos años y que rompen por completo el conocimiento que teníamos de Akhenatón.

En efecto. Siempre se ha pensado que el odio de Akhenatón por todo aquello relacionado con Amón y los dioses antiguos, venía de la mano del poder que el sacerdocio de Tebas había alcanzado en los últimos años, sobre todo entre los años 1550 y 1350 a.C. con la época de expansión militar de Egipto. Sin embargo, ahora sabemos que debió de haber algo más. La persecución a los antiguos dioses es muy relativa. Conservamos referencias a cantoras de Atón cuyo nombre, Isis, ya nos está diciendo que la persecución no alcanzó los límites que se habían sospechado. Además, el hecho de que Akhenatón abandonara la ciudad de Tebas para construir una nueva capital en medio de la nada, llamada Akhetatón, en el Egipto medio, pudo deberse a una razón que solo hace pocos años los egiptólogos han comenzado a barajar: la peste. Hay pruebas claras en la documentación de la época de la existencia de una plaga que asoló Egipto en varios años del reinado del padre de Akhenatón, Amenofis III, que seguramente se extendieron varias décadas.

Aunque existe un claro toque revolucionario y herético, no deja de ser una de las etapas más brillantes de la historia de Egipto.

Sin lugar a dudas. A pesar de la persecución a la que se han sometido los relieves y cualquier tipo de obra de este período, su singularidad es tal que no tiene casi parangón en otros momentos de la historia de Egipto. Quizá el ejemplo más evidente lo tenemos en el famoso busto de la reina Nefertiti que hoy se conserva en Berlín. Aunque esté idealizado, aunque no sepamos si realmente la belleza que ahí vemos es la de la esposa de Akhenatón, es una obra sublime que nos acerca y conecta desde el punto de vista humano a aquella realidad de hace casi 3.500 años. Por otro lado, contamos con la desazón que produce el hecho de que la persecución que arrasó con todo lo relacionado con este momento, al considerarse herético, nos haya impedido que podamos ver el rostro a muchos de sus protagonistas. Algunos de los que aparecen en La hija del Sol cuentan con su tumba en Amarna o en otros lugares de Egipto. Sin embargo, están tan deterioradas que poco podemos sacar de sus muros para recrear el aspecto humano de sus propietarios. Aún así, podemos intuir la viveza de las formas, el dinamismo de las escenas y un sinfín de cambios que convierten al arte de Amarna en algo innovador.

La protagonista de La hija del Sol es una mujer, Isis. ¿Por qué ha elegido un personaje femenino?

La verdad es que fue un reto. Suena a tópico pero meterse en la piel de una mujer para pensar, sentir e interpretar las reacciones que se pueden tener en cada momento, no es nada fácil. El personaje lo tenía muy claro desde el principio. Isis es una de las hermanas de Akhenatón de la que nada se sabe. Conocemos que estuvo casada con su padre Amenofis III, por lo que fue esposa real, pero al fallecer este faraón desaparece de la escena. No hay nada. Eso te permite crear a tu antojo, pero también es peligroso ya que has de ceñirte a una serie de realidades básicas. Tampoco puedes inventarte todo. Al final acabas enamorándote de tu personaje, especialmente porque lo idealizas y, quieras o no, empatizas con él al proyectar sobre su figura tus anhelos y tus miedos. Lamentablemente, no conservamos ninguna imagen de ella en la que veamos a un tamaño real el aspecto que debió de tener. Las pocas representaciones con que contamos están en su mayoría dañadas por el paso del tiempo. Una pena, pero creo que debió de ser una joven hermosa.

Entre las líneas de acción que desarrolla en La hija del Sol está otra de sus grandes pasiones, la magia.

Isis es una gran maga, como su alter ego, la diosa Isis, Grande en Magia, como la conocían los antiguos egipcios. El ilusionismo siempre me ha entusiasmado. Soy miembro de la Sociedad Española de Ilusionismo (SEI) y me interesa mucho la historia de este arte. He publicado artículos sobre sus orígenes en el antiguo Egipto y precisamente en La hija del Sol vierto algunos de esos detalles. Solemos tender a pensar que la cultura egipcia estaba cortada por el eje de la muerte. Que solo pensaban en ella. Sin embargo, esa idea la hemos construido nosotros a partir del legado arqueológico que hemos heredado de sus tumbas. Pero si nos adentramos en su vida diaria, las fiestas, los bailes, los juegos o los espectáculos de magia, eran su vida cotidiana. Ellos no separaban entre la magia como el arte del ilusionismo que hoy vemos en los escenarios, con la magia sobrenatural que cree poder cambiar las acciones de la Naturaleza. Para ellos era la misma cosa, de ahí que fuera algo natural en su día a día.

¿Es cierto que se relanza el resto de su obra en una edición especial de bolsillo?

Una de las cosas que más me gustan de La hija del Sol es el diseño de la cubierta. Tiene cierto toque vintage que me recuerda a los libros que yo leía de Egipto siendo niño en la década de 1980. Grijalbo ha decidido relanzar mis dos novelas anteriores en formato de bolsillo con portadas en esta misma línea. Espero que a la gente le guste no solamente el diseño de las cubiertas sino también el interior, que es lo más importante.

Libro

“La hija del Sol”

Grijalbo

560 págs.

20,90 €

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